730 días después Gurpegi volvió a sentirse futbolista. No dejó de serlo, gracias al apoyo de su entorno. Y de su labor diaria en los campos de Lezama. Pero regresó, en el estadio Santiago Bernabeu, para competir. Para recuperar el sabor del espíritu del deportista.
Seis años han pasado desde aquél anuncio que abrió el camino a la pesadilla del futbolista (1 de septiembre del 2002, en Anoeta). Recursos, sentencias, apelaciones...yGurpegi se obligó a contar el tiempo. Dos temporadas de espera.





