FUNDACIÓN 0 - HARO 9
Los goles llovían del cielo desde que Alfredo metió el mejor de todos con una falta directa en el minuto 14. Pero, a pesar de la abultada diferencia final en el marcador, los blanquinegros no firmaron su mejor partido: fallaron ocasiones muy claras, perdieron algunos balones que en otros días eran claves y desaprovecharon un penalti lanzado por Pilili en el 56.
Para entonces en el 29 Oli había marcado el segundo y en el 49 Joni le había hecho una vaselina a Pachana. Entre tanto, los locales estaban como siempre; cometían errores de manual, se precipitaban en los pases y no lograban llegar al campo contrario. La primera intervención del portero jarrero no fue hasta el 59 con un remate de cabeza de Moncho.
La segunda mitad más de lo mismo. Entre gol y gol alguna falta y ocasión fallida para los visitantes y desesperación por parte de los dos técnicos. El de los blanquirrojos por el mal juego de sus chavales y el de los contrarios por la actitud con la que estaban jugando los suyos.
En el 60, Aitor recibió un pase de Alfredo dentro del área y tras un perfecto control y regate encajó otro de los golazos de la mañana. Un minuto después Israel marcó de cabeza tras un pequeño barullo entre los defensas locales y sólo tres minutos más tarde, en el 64, Joni anotó su segundo ante la quieta mirada de Pachana.
Aunque la afición que se había acercado a Logroño estaba más que satisfecha y comenzó con sus cánticos habituales a las figuras blanquinegras todavía se vieron tres goles más. En el 69 Gonzalo sumó el séptimo con un lanzamiento desde fuera del área que rebotó en la defensa pero que volvió a aprovechar en el rechace, esta vez hasta adentro de la portería.
Ya con el 0-7 el colegiado pitó un penalti a favor de los jarreros por una entrada de Rubén y Fernando Marín consiguió el octavo. El noveno y último llegó a cuatro minutos del final con un remate de Álvaro de cabeza.
Una goleada increíble en un partido en el que el Haro jugó una pachanga con un dominio más que claro y el Fundación mantiene la línea que comenzó tras los cambios en su plantilla: desorden y desconcentración.






