
Michelino señaló que uno de los principales puntos de discusión es la forma de chaptalización y la limitación de los sulfurosos, «Alemania, por ejemplo, no acepta su limitación pero es algo que han pedido los consumidores y que no afecta, en absoluto, a la calidad del producto final».
El proyecto Orwine está trabajando de forma experimental en el proceso de elaboración de vinos ecológicos, pero cada uno de una forma porque no hay unidad: «Como no se puede experimentar con todos los vinos se ha empezado por trabajar con los más representantativos», señaló la enóloga italiana.
Las conclusiones que se van sacando, aunque todavía no pueden entenderse como definitivas, «servirán para proponer el mes que viene a los políticos una serie de aditivos que deben ser permitidos». La clase política estudiará esa propuesta y será en 2009 cuando se pueda vinificar con los aditivos permitidos.
Cristina Michelino considera que no tiene por qué haber diferencias entre el precio de un vino ecológico y un vino convencional porque sólo se encarecería si hubiera una epidemia y hubiera que tratar de atajar una enfermedad como la botritis o mildiú que entonces sí, «podría verse encarecido el producto en un 10 o 15 por ciento, como mucho». La italiana señaló que aunque el mercado demanda el vino ecológico, «el consumidor sabe poco de cuál es el proceso de elaboración que sigue porque en el mercado el productor carece de interconexión con el consumidor», aunque sí que quiso dejar claro que producción ecológica es «completamente distinto a producción arcaica».












