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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

Cultura

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Preguntas celestes
El peruano Antonio Cisneros cerró las X Jornadas de Poesía en Español

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Preguntas celestes
Antonio Cisneros, ayer en las Jornadas de Poesía en Español. / JUAN MARÍN
«A las inmensas preguntas celestes / no tengo más respuesta / que comentarios simples y sin gracia / sobre las muchachas / que viven por mi casa / cerca del faro y el malecón Cisneros. / Y no puedo pretender ver / en la cháchara tinta esa humildad / de los antiguos griegos »»

El poeta peruano Antonio Cisneros (Lima, 1942) nos tiró al suelo. Ingenuos, andábamos en Logroño preguntando si la poesía era cuestión vital, lenguaje sublime, único discurso tolerable de la historia, única prueba concreta de la existencia del hombre, vuelo de ángel literario, una forma de apurar a Dios para que hable, sombra de la memoria o un simple árbol sin hojas que da sombra, que diría Juan Gelman, ese poeta de pie ante la muerte

Pero no. Cisneros, sentado ante una cerveza, Premio Nacional de su país en 1965, autor de una veintena de libros, desde Comentarios reales (1964) hasta Un crucero a las Islas Galápagos (2005), traducido a quince idiomas, considerado el poeta peruano vivo más importante de su país no cree que sea ni mucho menos cosa tan trascendente. «La poesía es importante, pero no es para tanto», afirmó ayer poco antes de clausurar las X Jornadas de Poesía en Español. A las inmensas preguntas celestes, respuestas mundanas.

Contradictorio Cisneros. El más reconocido de la llamada Generación del 60 peruana, laureado con más de una decena de otros grandes premios literarios como el Casa de las Américas en 1968 o el Rubén Darío en 1980, Caballero de la Orden de Artes y Letras del Gobierno francés en el 2004, reconoce, ajeno a cualquier síntoma de gratitud, que su «vida real tiene poco que ver con la literatura» y que incluso le disgusta la vida cultural. «Con toda franqueza -dijo-, si yo tuviera que escoger entre ir a escuchar una lectura de poesía y ver un partido de fútbol, elijo el partido, sin ninguna duda».

O es un gran modesto o un gran cínico. O, como él mismo reconoce, «un virtuoso esquizofrénico». «La gente suele confundir al poeta y al ciudadano -reflexionó-, pero yo toda mi vida he sido dos personas». La 'otra' persona ha ejercido de periodista, guionista, traductor, catedrático Ya de niño, contó, «jugaba a fútbol en la calle y le pegaba a la gente, y al mismo tiempo escribía poesía a escondidas, porque estaría mal que un matón de barrio se dedicase a esta mariconada» -ahí queda otra definición, algo más burda, es cierto, pero que conste-.

Una cosa sí es coherente con esta extraña vocación medio ajena, el estilo coloquialista que conquistó a los de su generación. «Los muchachos de los 60 -recordó- redescubrimos la poesía anglosajona, mucho más fresca, que tenía humor, que no era ni absolutista ni principista. El mundo anglosajón fue muy refrescante. En el mundo hispanoamericano aún sonaba aquello de que el castellano era un idioma hecho para la poesía y la alta cultura, y el inglés para hablar de negocios. Pero nos dimos cuenta de que el diccionario del idioma que ellos decían que era para los negocios tenía el doble de vocabulario».

Todo acaba

También políticamente, después de confraternizar con el la izquierda latinoamericana en otra época, Cisneros ha girado hacia el desencanto: «Ahora hay muy pocas cosas por las cuales entusiasmarse. Creo que estamos en una etapa de transición. Estos fenómenos del pragmatismo económico y la globalización, que en un momento nos sacaron de apuros, rápidamente han demostrado que no funcionan. Pero es parte de los ciclos de la historia. Luego vendrá un periodo de soli- daridad extremo, y así. Estamos en tránsito. Hay una desconfianza de lo mesiánico. Porque todo acaba por irse a la mierda».

Y no hablemos de compromiso: «No me interesa la política cultural porque sencillamente creo que es inútil. No creo que un poeta merezca más ayuda que un empleado bancario o un plomero. Por eso mismo pienso que el escritor no tiene una responsabilidad social ni nada por el estilo. Si es famoso, obviamente, tiene más audiencia y tendrá que cuidar más sus palabras y sus actos. En ese sentido, creo que mis preocupaciones son humanas y, si queremos formalizarlo, ciudadanas. El único deber de los artistas, si es que existe, es hacer lo mejor posible el producto que les está encomendado».

Y nada más. Todo acaba, como dice Cisneros, por irse a la mierda; también las X Jornadas de Poesía en Español. «Ocurre apenas / que las inmensas preguntas celestes / sacan a flote mis desencantos y mis aburrimientos.»

Pero seguiremos preguntando.
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