Ayer, veinticinco años después de su creación, el delegado de Gobierno, José Antonio Ulecia, los altos cargos de la Policía Nacional y los siete TEDAX que trabajan en La Rioja celebraron su creación y dieron a conocer su trabajo y toda la entrega de este cuerpo a lo largo de su historia, durante los que han perdido a 13 de sus miembros.
Historias curiosas, como la de una TEDAX (sólo hay cinco mujeres en toda España dentro del cuerpo) que cumple con su trabajo en La Rioja. «Llevo diez años en la Policía y cinco en los TEDAX y no me arrepiento», indica. Su nacimiento en Asturias, zona minera, y la presencia de un hermano en la unidad antiexplosivos le impulsaron a integrarse en esta sección tan especial. «Mi hermano me enseñó a conocer la unidad, pero no me animó, aunque tampoco me echó para atrás. Sólo me dijo lo que había», indica.
«En los exámenes de ingreso se miran especialmente las pruebas psicológicas», prosigue. Templanza, nervios de acero y capacidad de tomar decisiones en pocos segundos son lo que distingue a un TEDAX de cualquier otro policía.
Las situaciones que se viven son límites. «Mi recuerdo más profundo es Atocha. Fue mi peor momento. Me tocó estar ahí el 11 de marzo y eso se queda marcado. Estuvimos con la mochila que se intentó desactivar, pero sobre todo fue todo lo que vimos y vivimos», recuerda. «Aunque nunca se me ha pasado por la cabeza cambiar de especialidad», apunta. Su labor, al igual que la de sus compañeros, es la de arriesgarse por salvaguardar a los demás. «Desde fuera se puede ver como algo distinto, pero para nosotros es nuestro trabajo, lo que elegimos», añade.
Bomba en Logroño
Entre los recuerdos que perviven en todos los TEDAX de La Rioja destaca el de la madrugada del 10 de septiembre del pasado año, cuando ETA intentó reventar la Delegación de Defensa. «Fue una noche muy larga, pero guardo un gran recuerdo porque todo funcionó bien. Nos quedamos muy satisfechos. Trabajaron equipos distintos que se coordinaron muy bien», explica otro TEDAX.
También el atentado contra la Torre de Logroño es recordado, pero con pena, ya que no hubo tiempo para desactivar el explosivo. Pero son casos puntuales para un cuerpo acostumbrado a los avisos casi diarios. «Tenemos muchas llamadas para que reconozcamos un vehículo aparcado en un perímetro de seguridad o una maleta abandonada,que no suele pasar a mayores. Vamos, comprobamos el aviso y la experiencia nos dice si puede ser una bomba. La gente de la calle ni se da cuenta de que revisamos el coche», asegura otro policía.
En su lucha contra los explosivos, el delegado de Gobierno les permitió ayer una licencia: «Espero que próximamente podáis preparar una pequeña carga explosiva que mande a la gloria este edificio [el de avenida de Viana] que tanto tiempo nos lleva albergando», bromeó Ulecia.












