El físico británico está convencido de que la humanidad será capaz, en un futuro no muy lejano, de viajar a otras estrellas, incluso a esas que saben nuestro cuidado y, aunque estén apagadas, comparecen algunas noches claras en nuestra ventana. En el 50 aniversario de la NASA, este hombre sublime y quieto, ha apelado al espíritu de Colón. Dicho de otro modo: ha visto que va a llegar un momento en el que habrá que irse de aquí. Desde el debut de la bomba atómica, Bertrand Russell y Einstein se dieron cuenta de que era posible la destrucción del planeta. Y se escribieron cartas, a través del mar, comentando esta posibilidad, llamada avance científico.
La conquista del espacio, que ha carecido de héroes, quizá obedezca a ese oscuro instinto. Hay que buscar otro sitio porque esto se va a poner imposible y de aquí habrá que irse el siglo menos pensado. Adiós bibliotecas y estatuas, próceres y altas cordilleras. «Adiós a todo esto», que decía Robert Graves, que era paisano de Hawking cuando coincidieron en el mundo.





