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RSS | ed. impresa | Regístrate | 11 octubre 2008

Cultura

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Voces de la selva
El colombiano Juan Carlos Galeano trae la Amazonia a las X Jornadas de Poesía

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Voces de la selva
Juan Carlos Galeano, ayer, en las Jornadas de Poesía. / JUAN MARÍN
«Mi padre se vino a vivir al Amazonas para enseñarles a los indios / a armar rompecabezas con las nubes. / Para ayudarle a nuestro padre, todas las tardes mi hermano y yo / corremos tras las nubes desocupadas que pasan allá arriba. / Las nubes aparecen y desaparecen como si fueran pensamientos. / Cerca de nuestra casa muchos indios hacen cola / para armar rompecabezas con las nubes que les son más familiares »»

Con el poeta colombiano Juan Carlos Galeano (Caquetá, 1958) llegaron a las X Jornadas de Poesía en Español los fértiles aromas de su Amazonia natal. Amazonia (2003) es precisamente el título de su principal libro de poemas publicado hasta el momento; ayer leyó en Logroño poemas de otro aún inédito. «Con un lenguaje directo y a la vez misterioso -ha dicho de él Juan Manuel Roca-, el discurrir poético de Galeano desemboca en un Amazonas de olores, de vientos y animales, de hombres y canoas. Ir a su poesía es hacer una expedición a un país mítico y solar, frutal y evocador».

«Una canoa vuela por encima del puerto, del mercado y / la calle principal, pero no se detiene. / ¿Qué le pasa a la canoa que no viene a nuestro pueblo, / que no escucha ni siquiera / sus canciones? ¿Qué le sucede que no quiere remar a las estrellas?»»

El lenguaje imaginativo de este escritor -que lo es también de cuentos y ensayos siempre sobre la Amazonia colombiana- retrata categóricamente su preocupación por preservar tanto su tierra como la tradición oral de sus habitantes indígenas. El animismo y las creencias propias de las culturas ancestrales amazónicas, junto al «cultivo de la imagen», que descubrió en la poesía japonesa y en el imaginismo, parecen sus mejores fuentes.

Galeano, que actualmente vive en Florida (Estados Unidos), donde imparte clases de poesía y cultura latinoamericanas, se confiesa fascinado por esa oralidad de su gente, de inigualable inmediatez pero intangible en el correr del tiempo. Frágil, se diría, como frágiles son el río y la selva que habitan. Su contribución radica precisamente en incorporar esa oralidad a su poesía, algo que se prodigó a lo largo del siglo XX, cuando la literatura en verso adoptó ese coloquialismo tan hispanoamericano.

«Me inclino mucho -explica él- por una poesía que sea capaz de reunir en su estilo los elementos de la llamada alta cultura y de la cultura popular. Y me parece que el mejor ejemplo de ello es Nicanor Parra». Con tales inclinaciones, no es de extrañar que destaque también a Federico García Lorca cuando se le pregunta por poesía española: «Fue el primer poeta que empecé a imitar -responde-, porque siempre empezamos imitando a los maestros».

Si el eterno Lorca hubiese conocido el Amazonas, tal vez habría escrito poemas como éste último de Galeano: «Una vez había un paisaje que salía con su río, sus /animales, sus nubes y sus árboles. / Pero a veces, cuando no se veía por ningún lado el / paisaje con su río y sus árboles, / a las cosas les tocaba salir en la mente de un muchacho.»
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