El resultado, sin entrar en lo artístico, fatal. Amén de algún resfriado por su desabrigado posar, se han quedado a dos velas. En bolas y arruinadas, que aún es peor. A mí, como me ocurre con el Piyayo (un viejecillo renegro, reseco y chicuelo; la mirada de gallo pendenciero...), me dan pena y me causan un respeto imponente. Tanto como me duele que, en plena euforia, no cayeran en la cuenta de que el asunto (de los calendarios) pone ya menos al personal que las diatribas mañaneras de Jiménez Losantos. Porque hay afanes que arruinan.
Adelir de Carli es un sacerdote brasileño de 41 años que desapareció el domingo poco después de comenzar a levitar. Lo peor es que de por medio en su benéfico vuelo sin motor no medió milagro divino alguno, sino un millar de globos llenos de helio con los que el mosén pretendía batir no sé que estúpido récord con el afán, loable afán, de recaudar fondos para ayudar a los camioneros que llegan al puerto de Paranagua, uno de los más importantes del país (Wikipedia dixit).
La gesta huele mal. El buen fraile no aparece, dicho sea con el dolor más respetuoso. Algunos globos, de colores, han sido encontrados en alta mar. Los transportistas paranaenses ya se están buscando, por si Dios no evita lo peor, otro











