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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

Cultura

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Medio poema
Osías Stutman, médico y después poeta, participó en las Jornadas de Poesía

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Medio poema
Osías Stutman, ayer en las Jornadas de Poesía. / E. DEL RÍO
«Él es un médico honrado, / por la gracia del Señor, / que tiene muy buenas letras / en el cambio y el bolsón» En su romance satírico, Quevedo hacía burla de los galenos, pero quizás hubiera tenido distinta opinión de haber conocido al argentino Osías Stutman, el médico poeta que ayer participó en Logroño en las X Jornadas de Poesía en Español.

Osías Stutman (Buenos Aires, 1933) publicó sus primeros poemas (22 poemas inéditos) en 1961, en la Antología de Poesía Nueva en la República Argentina,, que incluía a poetas de la importancia de Alejandra Pizarnik y el último Premio Cervantes, Juan Gelman. Ayer, mientras a éste último le entregaban en Madrid dicho galardón, Stutman recordaba en Logroño que en aquellos años ellos dos nunca llegaron a entenderse personalmente.

«Estábamos en bandas opuestas, tanto políticos como literarios -dijo en rueda de prensa-. De todas maneras, estoy muy contento que le hayan dado el Premio Cervantes. Es un poeta que ha evolucionado maravillosamente bien. Su obra ha madurado notablemente y sus últimos trabajos son esenciales, hasta el punto que no sobra ni una palabra».

Cinco años después Stutman tuvo que dejar Argentina por 'sugerencia' del Gobierno del general Onganía. Se instaló en Estados Unidos, donde se nacionalizaría, y gracias a su labor como investigador, trabajó primero en la Universidad de Minnessota hasta 1971 y desde entonces hasta su jubilación, en 1999, en el Memorial Sloan-Kettering Cancer Center, de Nueva York.

«Cuando llegué a Estados Unidos -contó- me apliqué una máxima de mi padre, un comerciante alemán de pensamiento anarcoide quien me dijo un día que no quería que trabajase en algo para ser un miserable. Así que olvide la poesía y me centré por completo en la medicina».

«Cuando me jubilé -añadió-, hice formalmente un cambio de profesión y volví a ser poeta». El escritor José María Conget describe así esta sinuosa trayectoria: «El romance tardío de Stutman con la lírica no es en realidad más que el reencuentro con la novia original, tras años de romance adúltero con la ciencia».

Ahora, Stutman, no-poeta durante tantos años busca quien, leyéndole, le convierta en el poeta que dejó de ser. «El lector es el dueño de los poemas y cómplice del autor -sentenció-. Sin él, yo desde luego no podría escribir. He conocido a muchas personas cómplices, pero a ninguna a la que mis poemas le hayan cambiado la vida». Quizás sólo a sí mismo y algo tarde, media vida, el tiempo justo de medio poema.
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