Desde que estuve en la India, hace treinta años o cosa así, no confundo el hambre con el apetito. Entonces morían allí de inanición unas 25.000 personas diariamente, pero ahora algo han variado las cosas. En aquel tiempo no había crisis alimentaria porque no había alimentos. Ahora en la India, en China o en Bolivia lo que quieren «es comer filetes». Una legión innumerable de carpantas sueña con un entrecot como adecuado sustitutivo de las tortitas de arepa o del arroz, que a pesar de ser huérfano va de blanco.
La Organización para la Agricultura y la Alimentación piensa que son los precios de las materias primas los culpables del nuevo 'tsunami' que está asolando a 53 países. Antes, las crisis alimentarias se debían a las catástrofes naturales, que nos confirmaban que la Madre Naturaleza tiene muy mala leche, pero ahora los responsables son los biocombustibles. ¿Cómo quejarse de la crisis española sabiendo que 100 millones de personas pasan hambre? Sólo hay una forma: negarse a ser ciudadanos del mundo y seguir siendo cada uno de nuestro pueblo.





