
Fue el 1 de septiembre de 2002, en su quinto partido de Primera División, cuando se le complicaron las cosas de manera inesperada y con un asunto que probablemente le seguirá de por vida. Lo que había resultado para él en el momento un día medianamente feliz, porque, a pesar de la derrota, comenzó al temporada de titular y hasta marcó dos goles, se tornó tiempo después en pesadilla.
Según supo tres meses después, había dado positivo en un control antidopaje. El producto en cuestión era la nandrolona, una sustancia que ya había dado problemas a otros deportistas, entre ellos a algunos futbolistas, como el ex barcelonista Pep Guardiola, entonces en Italia, y otros jugadores internacionales, varios de ellos holandeses. A pesar de ser sancionados, a ninguno de ellos le supuso estar demasiado tiempo alejado de los terrenos de juego.
El jugador navarro pronto recibió la protección del club al que todavía pertenece y que incluso le ha ampliado el contrato hasta 2012. De la mano del entonces jefe de sus servicios médicos, Sabino Padilla, llegado del ciclismo, el Athletic se embarcó en la pelea por demostrar que su jugador era inocente. No sirvió de nada.
Así, Gurpegui fue haciéndose a la idea de que lo suyo no tenía solución y que lo que tenía que hacer era esperar a que se cumpliera el tiempo de su sanción.
Y para que lo ocurrido no quede en el olvido y dejar claro la presunción de inocencia que el entorno rojiblanco le ha otorgado, Gurpegui regresará a los terrenos de juego desde el primer minuto que pueda hacerlo. Lo hará el domingo de titular en el mismísimo Bernabéu, un escenario con una resonancia mediática como pocos para dejar claras las posiciones en un caso que, en adelante, no dejará de ser recordado.





