
- En su nuevo libro se define como «una mujer, sin oficio, entrada en años y sola». ¿Esa es la razón por la que escribe?
- Esa es la razón que todo el mundo ve aparentemente pero es, precisamente, el esquema que quiero romper. Es una ironía.
- También asemeja la poesía con su oficio, la portería, un continuo abrir puertas ajenas.
- En realidad la idea de una amiga, que una vez me dijo que yo vine al mundo para abrir puertas, pero de muchas formas, no sólo las de una casa, también las de la literatura, a través de la escritura.
- En su nuevo libro conviven textos que, de algún modo, tratan de disculparse y otros en los que se autoafirma. ¿Se siente segura en la literatura?
- No estoy segura de nada todavía. O al menos de muy pocas cosas. Sí es cierto que tengo esa contradicción en la literatura porque trato de encontrar mi lugar en ella. No aspiro a nada más, pero tampoco quiero nada menos, claro. Trato de que se respete, al menos, mi decisión de escribir. Luego, si gusta, es otra cosa, habrá unos a los que sí y otros a los que no. A mí esto me ha costado muchos años porque no tengo ninguna carrera o diploma y tenido que ser autodidacta.
- Pero la literatura no se aprende, se lee.
- Pero eso lo dice el corazón, no la cabeza. La inseguridad que te transmiten los demás me frena en muchos sentidos pero, escribiendo, me siento libre. Yo escribo y punto. Y si, además, la gente me lee y le gusta, estupendo.
- Su nuevo libro es más personal, más íntimo.
- Tengo la sensación de que este libro será el último, por eso quiero que no se me escape nada de lo que quiero decir. Luego, si vienen más, estupendo, pero, por si acaso, no quería tener la sensación de no ser yo del todo.












