El sector pasa por un mal momento, en el que las entidades miran con lupa cada operación de préstamo. El euribor, por su parte, no deja de subir y este lunes se aupó al 4,825%, su valor más alto desde finales de 2001.
La crisis de la vivienda afecta tanto a los compradores como a quienes levantan los pisos. La demanda se encuentra estancada desde hace meses por un doble efecto perverso. Los precios siguen caros (aunque cada vez crecen menos) y los eventuales compradores tienen difícil el acceso al crédito. Y además, se extiende la sensación de que los precios van a caer. El resultado: nadie compra.
Por la parte de la oferta sucede algo parecido. Las entidades financieras han cerrado el grifo de la financiación y los empresarios, antes de empezar nuevas promociones -lo que requeriría más créditos- se afanan en vender los miles de pisos que tienen 'colgados'. En ese estado de cosas, la principal consecuencia es que el negocio de las hipotecas se encuentra prácticamente parado. De hecho, el pequeño avance del 13% se debe, casi en su totalidad, a las remesas que las empresas reciben de forma periódica para seguir construyendo las casas que ya tenían en obras (el dinero llega a medida que hace falta y no todo de una vez) o a operaciones firmadas antes de la crisis.











