Cuántas veces me llevaste a tu
'Comisaría de Papel'
en '
La Codorniz'
en la que empezaste tu tránsito por los madriles, después de las frustraciones de tu querido Logroño. Aquel Logroño de los 50 que no entendió, e incluso censuró, tus afanes culturales y artísticos. Pero no voy a incidir en tus ansiedades, experiencias, bregas y triunfos y satisfacciones, porque ya se ha venido escribiendo, largo y tendido, sobre ello. Pero siempre quedan anécdotas marginales que reflejan el sentir y profundidad de un personaje, como en tu caso fue ese logroñesismo que, a pesar de tantos sinsabores juveniles, mantuviste contra vientos y mareas, que no olvidaste incluso en los momentos de gloria, y que, por fin (¿qué tarde!) se te reconoció con el Galardón de las Bellas Artes de La Rioja.
Y entre esas anécdotas, la que me permitió entrar en contacto profesional contigo, en los 70, cuando dirigía la edición Rioja de 'La Gaceta del Norte'. Recuerdo la obsesión que tenía por leer tu
'Comisaría de papel'
de
'La Cordorniz'
. Y es que, una semana sí, y la otra casi también, este humilde periodista de provincia aparecía en tu 'sancionadora' sección, en la que metías a los autores de gazapos periodísticos, sobre todo en los editoriales y artículos de opinión de todos los periódicos del país.
Llegué a preguntarte el porqué esa manía por mis gazapos, por los de '
La Gaceta'
riojana (al igual que le ocurría a este diario, entonces
'Nueva Rioja'
y a su director, Paco Martín Losa). Tu respuesta, siempre bromística y cercana, aunque lacónica, vino a aclararme que la única y sencilla razón se basaba en que era tanto lo que recordabas y te afectaban las noticias que te llegaban de tu ciudad y tierra natal, que te hacía leer con especial entusiasmo, minuciosidad y, en definitiva, interés logroñesista, el contenido de los dos citados periódicos que, por entonces, marcaban la actualidad de nuestra capital y región. Así que ¿nos pillabas con tanta frecuencia!, porque en aquellos tiempos los textos se escribían con linotipias y se corregían visualmente, y no estaban informáticamente controlados y autocorregidos por los ordenadores actuales.
Se me quedó especialmente grabado aquel "gazapo" que me cazaste en uno de mis artículos de la sección 'Desde las torres de la Redonda', en el que criticaba el proyecto de Plan General Municipal de Urbanismo de Logroño de entonces, que yo calificaba de «tan enrevesado y técnico que resultaba incomprensible por el ciudadano medio». Recuerdo que empezaba mi comentario así: «Estrújense ustedes los sesos y no entenderán casi nada del PGMU de Logroño ». Ocurrió que ese diablillo que anda siempre entre las teclas y linotipias de las redacciones me hizo la faena de que los 'sesos' (del cerebro, quería decir yo) se transformaron en las columnas del periódico en 'sexos' Y allí estaba el perspicaz, humorista y cáustico Azcona para mofarse del gazapo con una sabrosa apostilla en la que venía a decir: «Creemos que tratándose de los sexos, el Sr. Lumbreras Pino debiera haber sido algo más pudoroso a la hora de aconsejar a sus lectores que se los estrujen».