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RSS | ed. impresa | Regístrate | 8 septiembre 2008

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El mérito del obispo Lugo
22.04.08 -

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S E olvida a menudo que el obispo paraguayo Fernando Lugo tuvo que pedir él mismo la renuncia a la condición de tal para poder entrar en política no sólo, ni tal vez principalmente, porque la Santa Sede no se lo permitiría en primera instancia, sino porque lo prohíbe la propia legislación paraguaya.

Así, toda posibilidad de una nicaraguayización de su caso es incluso técnicamente imposible, porque él no ha estado en una guerrilla y comprometido en el combate como un Ernesto Cardenal en Nicaragua, y tampoco es marxista ni chavista ni nada claro: es un símbolo, un emblema y un referente moral y personal que cautivó a un público amplio que le indujo a postularse para presidente.

La coalición que le ha hecho jefe del Estado por cinco años es más heteróclita de lo que sería tal vez deseable y, desde que le dio su aval el Partido Radical Auténtico y se abrió el periodo de adhesiones han pasado apenas ocho o nueve meses. Pero la resultante Alianza Patriótica por el Cambio ha funcionado, Lugo ha dado pruebas de que sirve para hacer política y la izquierda, con muchos sindicalistas e indios pobres en sus filas, ha ganado las presidenciales.

La composición del Parlamento no será necesariamente un correlato de las fuerzas afines al obispo (aunque suspendido 'a divinis' y pendiente, se supone, de recibir una dispensa especial que acredita la solvencia táctica del Vaticano) y la gobernación real del pobre país no será fácil. Pero, de entrada, y con su 41% de votos, ha conseguido nada menos que cambiar la historia del país.

En efecto, ha concluido el reinado interminable del Partido Colorado, que desde 1947, al término de la guerra civil, se hizo con el poder y no lo dejó ni siquiera cuando su líder, el dictador general Stroessner, fue derribado por un golpe militar aperturista en 1989. La maquinaria superó el trance y todo siguió más o menos igual mientras el dictador se aburría en su dorado exilio de Brasilia hasta su muerte, ya nonagenario.

Se diría, sin embargo, que el presidente Duarte y su candidata, la ex ministra de Educación Blanca Ovelar, con un buen 31%, han comprendido con perspicacia y hasta cierta altura de miras que el viejo Paraguay y con él el viejo coloradismo han muerto. De hecho, la gran noticia del día es que no ha habido, aparentemente, el menor intento de organizar un fraude. Un cambio de envergadura histórica.
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