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RSS | ed. impresa | Regístrate | 7 octubre 2008

Sociedad

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La cara y las cruces
A pesar del fracaso ganadero de Juan Pedro Domecq y sus diversos hierros en Sevilla, del Baratillo salen lanzados Miguel Ángel Perera y Manzanares y pierden enteros en su cotización Castella y Talavante
20.04.08 -

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La cara y las cruces
POR LA ESPALDA. Perera conmovió a Sevilla. / EDUARDO ABAD
Para muchos aficionados la feria de Sevilla ha resultado decepcionante por el pobre juego de la mayoría de los astados, especialmente las tres corridas enviadas por Juan Pedro Domecq. También por los tres días de suspensiones que se han llevado con la borrasca carteles cuajados de toreros que en Sevilla tenían mucho que decir. Sin embargo, del coso del Baratillo y a pesar de los pesares, cuatro toreros han definido parte de lo que puede ser su temporada a partir de ahora. Para bien destacan dos nombres: Miguel Ángel Perera y José María Manzanares.

El primero de ellos cortó dos orejas al toro de la fotografía -el sexto del Ventorrillo-, tras una faena de las suyas, basada en un valor seco y en una quietud prodigiosa. Y es que Miguel Ángel Perera confirmó que es un diestro lanzado y espera a San Isidro para dar el golpe de mano que le falta para encaramarse en todo lo alto. El segundo nombre positivo es el de José María Manzanares, que bordó el toreo bajo la lluvia ante un Juan Pedro tan diminuto como noble y que por su escasísimo trapío jamás debiera haber sido lidiado en Sevilla. Era el sexto de la tarde, diluviaba y el alicantino toreó al ralentí con un empaque tal que toda la plaza sucumbió olvidándose del temporal... y de la birria aquella.

En el lado opuesto, ése donde habita el fracaso, se sitúan dos de los nombres que el año pasado dejaron en Sevilla momentos inolvidables: Alejandro Talavante, que pasó como una sombra furtiva, y Sebastián Castella, que tras quedarse por dinero fuera de Valencia y Castellón, pretendía reivindicar sus altísimos honorarios con una Puerta del Príncipe. Y falló la estrategia en dos tardes marcadas por su gran entrega pero por una cierta torpeza a la hora de elegir los terrenos o la tozudez de empeñarse en torear en los medios cuando más arreciaba el viento huracanado del día de los juampedros. Sebastián ceñía un terno negro y demostró intacto su arrojado valor. ¿Lo reeditará en Madrid?
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