
Un repaso histórico dice que los ministros nacidos en la comunidad autónoma son, en realidad, una pequeña gavilla en la que sobresale de manera contundente la personalidad de Mateo-Sagasta. El político riojano de mayor relevancia en la historia contemporánea y también el que más veces ostentó carteras ministeriales al margen de la Presidencia del Consejo de Ministro hasta en siete ocasiones. Una figura que enlaza en esa élite de liderazgo con nombres como los de los cameranos Manuel Antonio García-Herreros o Claudio Antón de Luzuriaga y que sirve luego de puente para descendientes como Amós Salvador Rodrigáñez o Tirso Rodrigáñez Sagasta.
Desde entonces hasta la época actual se dibuja un páramo que no varió hasta la transición con tres nombres propios. El primero, Salvador Sánchez-Terán, que fue nombrado con UCD ministro de Transportes y Comunicaciones en la legislatura constituyente y que entre mayo y septiembre de 1980 ocupó la cartera de Trabajo. Su estela fue seguida ya con el gobierno socialista de Felipe González por Javier Moscoso como titular de Presidencia de 1982 a 1986 y, más tarde, por Javier Sáenz Cosculluela. El último riojano (hasta el momento) con rango de ministro que desarrolló su labor al frente d Obras Públicas y Urbanismo entre 1985 y 1991.
Pasado y futuro
Los partidos mayoritarios miran con diferentes ojos este cuadro. Para el secretario general del PSOE, Francisco Martínez Aldama, hay un hecho evidente: «Sólo el PSOE ha contado con riojanos en primera línea de la política nacional». El líder socialista destaca la figura de Moscoso y sobre todo la labor de Sáenz Cosculluela, pero también la confianza dada por Zapatero en segunda línea de Gobierno a las riojanas Ana Leiva y Juana Lázaro.
Desde el PP, Carlos Cuevas opina que la clave no está en que figure un riojano como ministro, sino en tener un proyecto fuerte a nivel regional y que Madrid atienda las demandas de la región. «Eso sólo se ha dado durante los ocho años que el PP ha estado en La Moncloa». Y añade: «Cosculluela mandó en Obras Públicas, pero nada hizo por las carreteras riojanas».











