Son supervivientes de una época más o menos pretérita. Se libraron de convertirse en chatarra y ahora son mimados de cuatro ruedas que recorren el presente sembrando a su paso admiración, sorpresa y hasta nostalgia en algunos. Ayer, a modo de exposición, una quincena de vehículos clásicos aparcaron unas horas en CVNE, que abrió así los actos programados con motivo de la puesta en marcha, en octubre del 2007, de su proyecto 'Aldea del Vino', cimentado sobre la rehabilitación de su más antigua bodega.
Hierros (con cariño) de impresión, como el
Buick
de 1975, con 317 caballos, caja de cambios automática, tres marchas y una de las 37 unidades que se vendieron en su momento. Un lujo, antes y ahora. Como su homónimo de marca, el
Century
de 1958, el
Chrysler Winsor
, el
Lincoln Continental
u otros, vehículos de inviable aparcamiento público y fastuosas facturas de pintura, ya que algunos superan los seis metros de largo y dos de ancho. Son cochazos, americanos en este caso, equiparables a aquellos 'haigas' tan demandados, hace poquitas décadas, por los nuevos ricos de nuestro suelo patrio, a los que las malas lenguas les atribuían tanto dinero como cultura: «Quiero el coche más grande que 'haiga'», cuentan que decían.
Junto a estos monumentales vehículos pudieron verse utilitarios, como el popular 'escarabajo' (Wolkswagen), aquel que se publicitaba con el eslogan 'Eres grande, pequeño'; el popular y entrañable
Seiscientos
de nuestra historia rodada, el
Citröen 11
, deportivos ingleses y coches antiguos, de esos que todo el mundo identifica inmediatamente con las películas de Al Capone.
La exposición fue posible merced a la colaboración de la Asociación de Vehículos Clásicos de La Rioja, presidida por Javier Martínez Montoya, colectivo con una década de vida a sus espaldas y más de 70 socios con el denominador común de su pasión por los coches antiguos, con los que recorren las carreteras como un anacronismo de durísima chapa.