El pasado 5 de abril, un pueblo de Lugo donde hasta ahora la señal de televisión corriente llegaba mal que mal, La Fonsagrada, se convirtió en la primera 'aldea global' de España. Y sus habitantes, de la noche a la mañana, dejaron de ser analógicos para ser digitales. ¿Bienvenido, Mister TDT! Me imagino el Pleno en el que el alcalde tuvo que anunciar a la corporación que el pueblo había sido seleccionado como enclave piloto para un experimento de imagen digital terrestre y que, al efecto, iba a procederse a repartir por las casas, para colocarlos sobre el tapetito y al lado del televisor, unos 2.000 aparatitos ¿descodificadores! Descodificadores, bien, pero ¿con chorrito, alcalde? Y sobre todo, cuando hizo saber que todo este experimento terrestre pasaba por un apagón del copón: un apagón ¿analógico! ¿Pero entonces, la cosa digital va a 125 o a 220, alcalde? ¿Y se cogerán bien las novelas? Esto es como de
Amanece que no es poco
-por aquello de que el alcalde es necesario y los vecinos contingentes- o, mejor, de
Total
(por cierto, la acaban de editar en DVD, lo pongo en conocimiento de sus muchos fans). Los de La Fonsagrada han visto recompensado medio siglo de mala señal de la de toda la vida, la de los repetidores (nunca pude yo hacerme una idea de este artefacto) con ocupar ahora las primeras filas en el amanecer digital, lo que no es poco. Cuando en el 2010, como pronto, las legiones de zombies analógicos en que nos habremos convertido el resto de españoles renazcamos de nuestras cenizas y ascendamos al cielo numérico, los de La Fonsagrada ya estarán de vuelta. O no, porque con los gallegos nunca se sabe si suben o si bajan, si van o si vienen. En algunos pueblos riojanos que habrán de ser un día digitales o no serán, todavía se puede ver la fachada de su Tele-Club. Un 10 de abril, precisamente, de 1965, se inauguró el primer Tele-Club de nuestra región. Uno de estos locales era considerado entonces un recinto portentoso, sin las formalidades del cinema y con acceso en abierto al fútbol y a las variedades. De hecho, antes de que ningún aparato televisor con nombre de imagen analógica extraterrestre -Zenith, Lavis- fuera elevado al altarcillo de un antiguo almacén, cuadra o dependencia municipal, pudo verse en el Gran Coliseo de Fuenmayor, en octubre de 1958, la revista de escultóricas vedettes
Chicas en televisión
. Con lo que alguien bien pudo pensar que 'en televisión' era sinónimo de 'en cueros'. El Tele-Club pionero fue el de Canillas de Río Tuerto y su Carta de ajuste (¿supimos alguna vez qué es lo que se 'ajustaba'?) fue precedida por la bendición de «nuestro obispo Abilio», por si acaso el azufre y las fantasías 'en televisión' y porque en aquellos días analógicos se bendecía todo. Un Tele-Club era algo tutelado por las fuerzas vivas. Sólo para entregar diez aparatos a Munilla, Castroviejo, Bezares, Molinos y Oteruelo de Ocón, Herce, Zorraquín, Laguna de Cameros, Igea y Grávalos, en octubre de 1967, hicieron falta el Gobernador Civil, el Delegado de Información y Turismo y una autoridad eclesial. Cuarenta y un años después, no hay nada que suceda sin permiso de la televisión, que tutela vidas y haciendas. El mundo sí que es ahora un Tele-Club.