La ciudad de Logroño acaba de recibir por correo urgente una elegante caja de bombones: la colección de pintura de Hans Rudolf Gerstenmaier. Este empresario alemán, poseedor de un acervo artístico de incalculable valor, ha ofrecido a la capital riojana la cesión de doscientos cuadros, siempre y cuando converja una serie de condiciones
Quitado el celofán y abierta la tapa de la caja, surgen dudas razonables a la hora de elegir bombón sin dejarse llevar tan sólo por el envoltorio.
¿Por qué Gerstenmaier ha elegido precisamente Logroño entre las miles de ciudades que reúnen en todo el Mundo méritos iguales o superiores?
Argumenta el benefactor germano que «La Rioja juega con la ventaja de que aquí nunca estaría oscurecida su colección», dada la escasa relevancia -eso lo añado yo- del patrimonio museístico logroñés.
¿Por qué ha optado por la sede de Correos en San Agustín como sede del futurible museo, un edificio cerrado desde hace casi un lustro y cuyo proyecto de rehabilitación está todavía pendiente de resolución judicial, teniendo alternativas me-nos problemáticas?
Esgrime Gerstenmaier que el edificio es ciertamente singular y que la plaza, además de albergar el Museo de La Rioja -clausurado
Forrest Gump, el personaje creado por Winston Groom, también refraneaba que «tonto es el que hace tonterías». Esperemos que los próceres riojanos no acaben tirando la caja a la basura por un «quítame allá esas pajas», sin al menos haber desenvuelto algún bombón. «











