
Siempre he entendido el urbanismo como una herramienta extraordinariamente eficaz para generar y ofrecer a los ciudadanos dotaciones que participen en mejorar su calidad de vida, ya sea a través del desarrollo equilibrado, de la creación de parques y zonas verdes, de espacios públicos abiertos que dibujen calles más amables, o, incluso, a través de proyectos para la creación de nuevos polígonos industriales que nos permitan mantener la capacidad de generar riqueza y, por lo tanto, empleo.
Comparto la idea de que toda acción desarrollada desde el Ayuntamiento sólo tiene sentido si mantiene como único fin el beneficio de los vecinos. Un planteamiento que considero esencial al planificar la ubicación de servicios básicos para los ciudadanos.
Así, cuando hablamos de parcelas dotacionales, nos referimos a espacios -suelo de propiedad municipal- distribuidos por el conjunto de la ciudad, cuya finalidad consiste en acoger servicios que mejoren la calidad de vida de los vecinos, ya sean nuevos colegios en áreas en desarrollo, polideportivos, centros sanitarios o sociales, espacios culturales o de ocio; es decir un sinfín de alternativas, que participan en la tarea de proporcionar unas mejores condiciones para el día a día.
Por eso es una gran satisfacción haber logrado delimitar y poner a disposición suelo para la construcción de nuevos centros escolares en Logroño y haber dado cumplimiento a la cesión de las parcelas al Gobierno de La Rioja -administración competente en materia de educación- para el desarrollo de los proyectos.
Entiendo que es importante -esencial para el desarrollo armónico de Logroño- que cuando una familia se traslada a vivir a una nueva zona residencial no se encuentren en medio de la nada. Es preciso que exista una urbanización que preste los mismo servicios que en los barrios y calles consolidados, tanto en materia de comunicaciones -viales, enlaces, transporte urbano- como en dotaciones: centros sanitarios, administrativos, comercios básicos como alimentación, y, por supuesto, centros escolares.
No pueden repetirse situaciones como las que ha vivido Logroño en los últimos años; vecinos incomunicados en sus nuevas viviendas, colegios edificados antes de la que una carretera pudiera llegar hasta su puerta, hospitales de grandes dimensiones en medio del desierto y a los que tan sólo se podía acceder a través de la calle principal del barrio de La Estrella, por ejemplo.
Creo que los logroñeses tienen todo el derecho de conocer de antemano -cuando deciden vivir en una zona u otra- cuáles son los servicios y dotaciones de las que disponen. Creo que tiene todo el derecho de conocer a qué colegio van a poder llevar a sus hijos. Y creo que tienen derecho a saberlo con antelación. Por eso, la delimitación de estas parcelas para los colegios de El Arco, El Campillo y Cascajos, así como su cesión al Gobierno regional me parece una extraordinaria noticia. Estoy convencido de que el esfuerzo de trabajar con previsión y planificación merece la pena.





