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RSS | ed. impresa | Regístrate | 12 octubre 2008

Cultura

CULTURA
El lenguaje sublime
El escritor Eduardo Halfon descubre a Logroño la nueva poesía guatemalteca
19.04.08 -

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El lenguaje sublime
El guatemalteco Eduardo Halfon, ayer en las Jornadas. / JUAN MARÍN
«
Sueña, hijo mío, todavía, y cuando crezcas, / perdóname el fatal don de darte la vida / que yo hubiera querido de azul y rosas frescas »
El
divino
Rubén Darío residió en Guatemala; muy brevemente, es cierto (años 90 y 91 de los de 1800), pero lo bastante para influir en la poesía del país de todo el siglo posterior -aquí cabría preguntarse en la poesía de qué país hispanohablante no influyó el precursor del modernismo en español-.

Darío era, en realidad, nicaragüense, por no decir del mundo entero. Guatemaltecos eran sí Mi- guel Ángel Asturias, que murió casi español, y, aunque hondureño de nacimiento, el prosista Au-gusto Monterroso.

«Guatemala es como una especie de Latinoamérica de América Latina», lamenta el poeta Maurice Echeverría para expresar la escasa presencia del país en el espacio literario del español.

Ha habido allí otros poetas grandes: Enrique Gómez Carrillo, Luis Cardoza y Aragón Pero un desconocimiento oceánico nos distancia de aquella tierra que hablaba
náhuatl
antes que castellano.

Y hete aquí que un día llega a Logroño, a las Jornadas de Poesía, un escritor guatemalteco llamado Eduardo Halfon y habla de sus compañeros poetas, los más nuevos de su país: el citado Echeverría, Juan Pablo Dardón, Alan Mills, Javier Payeras, Julio Serrano, Lourdes María Solórzano Y lee sus poemas con el acento que ellos le darían

Con un objeto muy sencillo: «Yo no soy poeta -explica el novelista, finalista del Herralde en el 2003 por
El ángel literario
(Anagrama)-, pero sí vivo inmerso en la poesía.

Es decir vivo en el lenguaje más sublime o en la búsqueda del lenguaje más sublime, ya sea en mi propia obra o en la de los otros». Leyendo buscaba junto con el público riojano «manifestaciones y destellos guatemaltecos de ese lenguaje más sublime».

Y fue así como se obró el milagro: todos somos ya guatemaltecos en el alma.
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