
El primero en llegar fue José Andrés Colmena Garrido, un experto en cigarros de Altadis e inmediatamente, la especialista en marketing de Habanos, S.A, licenciada Daymi Difurniao Rodríguez. Durante el aperitivo se degustó un 'príncipe San Cristóbal de La Habana', pequeño pero sabroso cigarro que por la expresión de algunos de los fumadores que ocupaban el salón fue como humear de versos planeando el espacio.
Desde Fitero acudió a la cita el empresario José Ignacio Hernández, y con él, desde Alfaro, el también hotelero cerverano Antonio Pérez Gil.
Ignacio Echapresto se preocupó de satisfacer los estómagos con una suculenta corvina, ese pez de cuerpo comprimido que apenas conoce la popularidad y un lomo de ciervo, ambos platos perfectamente complementados por delante y por detrás con originales recetas de cocina.
Fuera, en los pocos hogares con vida de Daroca humeaban tímidamente las domésticas chimeneas de sus habitantes.
Y mientras tanto Roberto López, de Logista, y el estanquero Luis Ángel Jodra desmenuzaban verbalmente las principales partes del puro: la tripa, la capa y el capote. Disfrutando de la noche estuvieron también Julián García, Luis Ángel García Pérez, Roberto Marina, Miguel Ángel Martín, Eduardo del Rey y David Julio. Carlos Echapresto, uno de los tres mejores sommelier de tabaco del mundo según lo confirmó recientemente el fallo de un certamen mundial de esta especialidad en Cuba, quiso rendir homenaje al arte de la coctelería y compuso para todos al final un combinado de ron añejo, ron orange Santa Teresa y un tequila centenario reposado.
Fue una noche de sensaciones nuevas rellenada por el humo grisazul de los vegueros que no cesaba en su ascenso en espiral hasta los umbrales del cielo raso del local.
Quién sabe si alguno de todos se fumaba sus propias ausencias, quién sabe Acaso otros aprovecharon para imaginar aquel humo de Machado símbolo de sus más tenues momentos y de sus más indefinidas horas
Un tanto sorprendente resultaba la presencia de mujeres, habano en mano. Isabel Zulueta, Susana Lázaro, Elena Juanes, Paloma Sanz y Amparo Pérez pusieron la nota femenina. Y en su presencia la memoria del cronista tomó rumbo a un sensual fumando espero con apellido de Montiel.
El semblante de Mario Nájera era de gozo lo mismo Jesús Rubio (que nunca mintió a su madre porque siempre llegaba a casa a «las 12 han dado»). La nota más exótica la puso sin duda Erica Talquenca, una india aborigen argentina de Mendoza que vivió la noche ahumada de atenciones en derredor.
Estuvo Javier Monforte y también Óscar Álvarez Crespo. Y no faltaron los minutos cultos con proyección incluida sobre la plantación, secado, elaboración y embalaje de los puros cubanos. Tampoco se echó en falta la clase magistral que sobre el rito del encendido dictaron por remate Colmena y Echapresto.
Así, aproximada y ritualmente, transcurrió la velada, mientras asomaba entre brumas la luna de Moncalvillo.





