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RSS | ed. impresa | Regístrate | 8 octubre 2008

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LA TRIBUNA DE LA RIOJA
Algo más que coqueteo
18.04.08 -

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Pataletas, rabietas, comentarios soeces, improperios, faltas de respeto e incluso insultos. ¿Por qué no?. Todo parece estar permitido para desacreditar a las mujeres...porque son ministras, porque llevan la cartera de Defensa (territorio de hombres), porque están embarazadas, porque están más o menos delgadas.

¿Cuál es el verdadero problema que algunos tertulianos, columnistas y comentaristas, entre otros, tienen con las mujeres? El único problema que tienen es que donde ellas están, ellos no alcanzan. El verdadero problema es que no admiten que las mujeres tengamos el mismo derecho que ellos a estar ahí, no soportan que accedamos a puestos que siempre fueron ocupados y dirigidos por ellos. Les mata pensar que pierden cuota de poder. Es eso, ¿verdad? Cuando esta situación se produce, cuando no se tienen argumentos, cuando se insulta y se ofende, cuando se vitupera y menosprecia a las mujeres por el simple hecho de serlo, hablamos de misoginia.

Y misóginos, machistas, clasistas y retrógrados son los comentarios y críticas con las que se ha despachado más de uno hablando de las ministras de la IX Legislatura.

Desde animal de compañía, pasando por batallón de modistillas, hasta anoréxicas. ¿Dónde queda el respeto y la profesionalidad?, ¿dónde queda la calidad humana y la educación? Esperemos que en el futuro no nos veamos obligados a crear nuevos ministerios para recuperar estos valores que tan en desuso están cayendo entre estas personas.

Pues muy a su pesar, y tras la arriesgada apuesta del Gobierno de Zapatero por la Igualdad , por primera vez a lo largo de la Historia de la Democracia, la Igualdad se sitúa al más alto nivel de la política española. El carácter ministerial que se la ha otorgado aleja toda posible duda sobre el «coqueteo con las políticas de Igualdad» con el que muchos han acusado y tratado de desprestigiar al Gobierno más progresista de la Democracia española. Es más que un coqueteo, es pura seducción y pasión democrática.

Hombres y mujeres de este país hemos visto como, por apostar y defender la igualdad entre mujeres y hombres, durante la pasada legislatura, el Gobierno socialista se ha visto obligado a enfrentarse a los sectores más rancios y ultra conservadores del panorama político, entre los que destaca rabiosamente el machismo más exacerbado.

Sin embargo, a pesar del sabor amargo que deja la resistencia más férrea, nos vamos a dejar seducir, de una forma absolutamente consciente, por un auténtico estímulo para nuestros sentidos: la igualdad real y efectiva. Hemos soñado, durante décadas, con ver cumplido nuestro sueño, en el que unos y otras somos iguales, tenemos la misma consideración, las mismas oportunidades.

Ahora vemos, con más claridad y certeza que nunca, que ese sueño es posible. Sin embargo, lo que para unas personas es un dulce sueño, para otras, una auténtica pesadilla. Y es que nunca llueve a gusto de todos. En lo que estarán de acuerdo conmigo es en que el agua sanea y refresca el ambiente, circunstancia en la cual la perspectiva de futuro, en clave de igualdad, se ve mucho más clara y limpia.

Y ahora, el agua que tanto necesitábamos nos ha caído del gobierno socialista dispuesta a inundar de ilusión y esperanza la ciudadanía española de la mano del nuevo Ministerio de Igualdad.

Nunca hasta ahora había sido tan evidente la necesidad de crear este nuevo Ministerio a tenor de las numerosas críticas que ha suscitado. Gracias al agua recién caída vemos con más limpieza que, a pesar de parecer algo casi alcanzado, aún estamos a muchos decilitros de conseguirlo y qué mejor que un buen chapuzón. Antiguallas, detractores, machistas e intolerantes disponen de 4 largos años para sumergirse de pleno en las políticas de igualdad. Disponen de un precioso tiempo para bucear y profundizar en nuevos conceptos, para reciclarse y adaptarse a los nuevos tiempos, por aquello del «renovarse o morir».

Ahora, mejor que nunca, tienen la gran oportunidad de comprobar cómo unos y otras avanzamos inexorablemente hacia el diseño de un país más moderno, más comprometido y democrático, mientras algunos gastan cantidades ingentes de energía en patalear. Reserven sus energías para la aportación constructiva y disfruten del progreso que proporciona la igualdad.
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