Los datos son claros: se calcula que en España un 11% de la población infantil y adolescente menor de 16 años proviene de la inmigración. Además, «alrededor del 15% de los nacimientos son hijos de inmigrantes, lo que supondrá una sexta parte de los niños de las consultas en un futuro muy próximo», subrayó ayer Maite de Aranzabal, coordinadora de Inmigración de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap).
Para configurar las principales necesidades en los servicios de pediatría, la AEPap junto a la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP) han elaborado un estudio sobre la situación actual de la inmigración del que se derivan algunas conclusiones para facilitar su trabajo como facultativos.
Una, que los pediatras demandan el tiempo necesario para atender a los hijos de extranjeros, toda vez que a veces necesitan cinco veces más de tiempo que con un autóctono para explicarles la situación clínica del niño. Ello lleva aparejado, según De Aranzabal, una readaptación de las consultas, para que a los facultativos se les asigne un menor número de niños por cupo. Otra reivindicación es que se implante un sistema de traducción en las consultas.
Además, Jesús García, de la SEPEAP, solicitó que los ayuntamientos faciliten la utilización de 'mediadores' que sirvan como cauce de interlocución de los pediatras con una persona del mismo país a la del niño que se atiende. Ambos pediatras desmontaron algunos 'mitos falsos', como que los niños inmigrantes contagian enfermedades infecciosas o que sufren trastornos mentales.
«No causan repercusión en la salud pública», enfatizó De Aranzabal, y sostuvo que las enfermedades de mayor prevalencia entre los hijos de extranjeros son las mismas que las de los niños autóctonos: respiratorias, trastornos gastrointestinales y accidentes. Como patologías específicas se pueden mencionar la anemia, parasitación intestinal, paludismo y contacto con la tuberculosis, aunque no padezcan la enfermedad.





