Aquí, por lo visto, andamos justitos de memoria. Y el olvido es la mejor receta para reiterar un error. Los que ahora demonizan el 'Chiki chiki' y al tal Chiquilicuatre se han olvidado ya de que el penúltimo
La aportación española a la cultura musical no quedó ahí y pronto cruzaron los Pirineos los sones de otro pedazo de composición sólo parangonable con el 'Chiki, chiki': el 'Aserejé'. Occidente volvió a rendirse a los herederos de Tomás Luis de Victoria por los armónicos acordes y la profundidad de los textos que interpretaron 'Las Ketchup' («Aserejé, já, dejé, dejebe tu de jebere sebiounouva, majabi and de bugui and de buididipí», ¿recuerdan?)
Heredera de las anteriores por vía rojigualda, el 'Chiki, chiki' ha nacido para triunfar, nos guste o no. Y sólo una confabulación de las de antes podrán impedir que Rodolfo Chiquilicuatre emule a Massiel y su inigualable 'La, la, la', otra joyita musical hispana para epatar.
No entiendo, pues, a qué viene tanto rasgarse las vestiduras. Aúpa el 'Chiki, chiki' sin complejos y sin miedo al ridículo. Que si aquí tenemos al Chiquilicuatre sin haberlo pedido, otros tienen a Berlusconi por haberlo elegido. Y eso sí que es jodido.











