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RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

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EL BISTURÍ
Viva la monarquía
17.04.08 -
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De los quinientos años de historia de la Nación española apenas diez han transcurrido bajo la forma de gobierno republicana, lo que convierte a las dos Repúblicas más en experimentos (fallidos) que en experiencias. Y aunque la Segunda (implantada de aquellas maneras tras unas elecciones municipales, dicho sea de paso) instauró por primera vez en España un régimen democrático incluso avanzado para su tiempo frente a siglos de real absolutismo, sus cinco atormentados años de existencia antes de la guerra civil ya se han quedado cortos frente a los treinta cumplidos por el actual régimen democrático español bajo una monarquía constitucional ejemplarmente encarnada en Don Juan Carlos I de Borbón, bajo cuyo reinado este país ha alcanzado altas cuotas de bienestar y libertad sólo empañadas por la persistencia de una dictadura terrorista en el País Vasco, donde muchos ciudadanos sobreviven con menos libertad que en tiempos de Franco.

Desde su reinstalación, la Corona ha cumplido a la perfección la misión que le encomienda la Constitución, ha garantizado la cohesión del Estado por encima de los rifirrafes políticos y ha sido nuestro mejor anfitrión y embajador. Podrá estarse a favor o en contra de la monarquía hereditaria, pero no podrá negarse que de la que tenemos no podemos quejarnos. Por eso no comprendo, aunque respete, el empeño de quienes pretenden sustituirla por una nueva República. Semejante cambio radical sólo estaría justificado ante un improbable desastre nacional provocado precisamente por el hecho de que España fuese un Reino con la República como única alternativa de solución. Pero todos sabemos que con una España republicana no seríamos ni más ricos ni más felices ni más importantes, mientras que con un presidente de la República sectario esto podría acabar, una vez más, de mala manera. ¿Se la imaginan presidida por alguno de nuestros ex presidentes del gobierno? En repúblicas como Francia, Italia o Portugal parece que son capaces de respetar la suprema autoridad de un ex primer ministro, pero esto no parece muy probable en un país que siempre acaba sacudiendo sin piedad a quien osara gobernarlo.

La Corona, tal y como la han ejercido Don Juan Carlos y Doña Sofía, no sólo es un marchamo de imparcialidad, seriedad y estabilidad para la Jefatura del Estado igual que en países tan democráticos como Gran Bretaña, Holanda, Suecia o Dinamarca sino la garantía añadida de que el nuestro no volverá a partirse en dos. Y yo, qué quieren, prefiero cien veces como Jefe de mi Estado a Don Felipe Borbón que a Don Felipe González, pongo por caso. Así que larga vida a la monarquía constitucional y déjennos de repúblicas, que aquí las proclama el diablo.

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