Sin embargo, la efectividad del cuerpo de bomberos no pasa únicamente por su dotación humana y material y por la preparación de aquélla. En su contra, y en la de toda la ciudadanía, juega ese diez por ciento de inexplicables actuaciones (120 el año pasado) que obliga a los funcionarios de guardia a dejar el parque para sofocar el fuego provocado en los contenedores de papel y cartón, sobre todo, y de basura de la ciudad. Una estúpida moda que el pasado ejercicio provocó tres detenciones en Logroño y que resurge a oleadas, preferentemente en fin de semana, con un importante coste económico para las arcas municipales (casi 1.500 euros por contenedor) y que aminora la seguridad pasiva de los logroñeses.
El buen uso de los medios públicos redunda en beneficio de los ciudadanos y ello pasa básicamente por la educación de quien los tiene a su alcance. El fenómeno de la quema de contenedores choca radicalmente contra los principios y valores de la convivencia y demuestra el escaso tino de quien es capaz no sólo de atentar contra los bienes comunes sino también de poner en peligro directa e indirectamente la seguridad de sus vecinos y la suya propia.





