LA CABAÑA GANADERA
Todos las cabezas de vacuno que se sacrifican en los mataderos con una edad superior a 24 meses -los científicos consideran que el prion, aunque se adquiere en el primer año, no se desarrolla hasta a partir del cuarto- son analizados para comprobar que no padecen la enfermedad antes de pasar a la cadena alimentaria. En La Rioja, desde el 2001 se han realizado 18.760 test a bovinos de consumo -una media de 2.680 cada año-, con el resultado de tres positivos, cuyas canales fueron destruidas.
Los animales analizados permanecen inmovilizados en los mataderos hasta conocer el resultado de la prueba - unas 24 horas-. Si es negativa, el canal puede pasar a la cadena alimentaria, aunque en todos los casos -incluidas las reses de menos de dos años de edad no analizadas- se eliminan los denominados materiales específicos de riesgo (MER), que son el cráneo, amígdalas, médula espinal, espinazo e intestinos -algunas vísceras y órganos en contacto con el sistema nervioso, donde se puede 'alojar' el prion-.
Este control viene precedido además de otros en las explotaciones. En primer lugar, todas las reses cuentan con un doble crotal, que viene a ser como un DNI que permite saber dónde nació el animal, donde se crió y cómo ha llegado a la explotación en la que vive en cada momento. En este sentido, de los tres casos detectados en La Rioja se pudo comprobar que ninguna de las reses había nacido aquí, sino que habían sido adquiridas de otras explotaciones identificadas. A partir de ahí, la ley prevé al sacrificio de la 'cohorte' del animal enfermo (todas las reses que convivieron en la explotación en el primer año de vida).
Los servicios de inspección controlan también las granjas para comprobar que no se suministra pienso de harinas cárnicas y visitan las fábricas para comprobar los suministros. El ganadero está obligado a avisar a los veternarios si detectase cualquier síntoma extraño y si un animal fallece en la explotación, por la causa que sea, se retira directamente el cadáver a las plantas transformadoras de los MER en harinas, que luego se depositan en vertederos autorizados. En definitiva, la red de control de la enfermedad de las 'vacas locas' es la más compleja y completa -igual en toda Europa- y garantiza «totalmente» la seguridad alimentaria, señala el director general de Política Agraria Comunitaria del Gobierno riojano, Igor Fonseca: «El mal está erradicado, aunque puedan aparecer casos anteriores al 2001, y es así en toda carne de la Unión Europea».
Además, en La Rioja existen dos marcas de calidad de vacuno (Ternoja y las Siete Villas) que superan incluso los controles exigidos por la UE, en manejo, alimentación y despiece, que ofrecen incluso mayores garantías de calidad.











