Los cálculos del Instituto Nacional de Estadística -que se efectúan partiendo de la población residente y de la evolución de datos observados en cuanto a mortalidad, fecundidad, migración y esperanza de vida- indican que La Rioja contará en el 2017 con 75.746 habitantes mayores de 65 años, mientras que ahora la cifra es de apenas 57.000.
En términos porcentuales, esto supone que el segmento de población jubilada crecerá el 32% en tan sólo nueve años. «Y lo previsible es que a partir de esa fecha el crecimiento sea aún mayor», advierte el sociólogo Joaquín Giró, profesor de la Universidad de La Rioja.
Giró no mira estas cifras con la preocupación que suelen hacerlo los economistas, temerosos de la quiebra del sistema de prestaciones sociales, sino que las considera un «éxito». «Tenemos mayor expectativa de vida; eso está muy bien. En los años 70 lo raro era llegar a cumplir 80 años, y ahora ya nos estamos acostumbrando a ver gente que llega a los cien».
«La sociedad tendrá que adaptarse a la nueva situación -advierte Giró-. Posiblemente habrá que jubilarse más tarde, hacerse planes de pensiones, la actividad comercial pasará de estar orientada a los jóvenes a centrarse en los mayores... Pero no hay que tener miedo a los cambios».
Según las proyecciones del INE, el tramo de población con mayor aumento relativo en La Rioja en los próximos años será concretamente el de los mayores de 85 años, que pasarán de 7.944 a 12.480.












