Me llamó la atención el convencimiento de la ministra, pese a la que estaba cayendo. Incluso nos recibió en su despacho con una publicación con una gran fotografía en la que un menor 'pimplaba' calimocho de una garrafa de 25 litros aspirando directamente por una goma: «¿Podemos hacerle una foto con ese periódico en las manos?», preguntó el fotógrafo. «Por supuesto -respondió Salgado-, pero con una condición: que quede claro en la entrevista que lo que bebe este joven es calimocho, hecho con vino, y no coca-cola». Así lo hicimos y, tras más de una hora, salimos del despacho sin renunciar a nuestro convencimiento -se estaba satanizando el vino como si fuera el problema del alcoholismo en los jóvenes-, pero sorprendidos por la fe y perseverancia de la ministra, tanta que le costó, apenas unos días después, cambiar de ministerio.
Me acuerdo de vez en cuando de Elena Salgado y lo hice el pasado jueves cuando el presidente de La Rioja, Pedro Sanz, el consejero de Salud, José Ignacio Nieto, y el rector de la Universidad, José María Martínez de Pisón, compartieron unos minutos con los estudiantes de letras, calimocho en mano, en los aparcamientos del campus.
Se me pasó por la cabeza enviarle algunas de las imágenes de











