Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |
RSS | ed. impresa | Regístrate | 13 octubre 2008

Más Actualidad

VENTANA A LA CALLE
Todavía siempre
14.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Me alegra la vida el haberte conocido, Lola, todavía siempre, como escribiste en estas páginas en tu guiño, en tu hasta luego, ya nos veremos. Claro que desde siempre ha sido una alegría tenerte por convecina, y mira que llevamos tiempos coincidiendo: que si en Castroviejo portal con portal -no te olvides- casi media vida; que si en Calvo Sotelo saludándonos con la mano de ventana a ventana, la otra mitad. Y por en medio la calle, siempre el barrio deseable, la vida, el trajín de sus recuerdos, tantos, tantos recuerdos, ay. Sí, Lolita, ay con los recuerdos, esas imágenes ya oxidadas donde anidan los ecos de aquellos niños revoltosos y deslumbrados que fuimos, ay, ay, que hemos seguido siendo Así que no te enfades conmigo y permíteme el dolor, perdona esta desangelada tristeza mía, déjame llorarte aunque sea también otra redundancia. Todavía siempre, sí: esas maravillosas cosas, esos núcleos compactados, esas estrellas de neutrones y palabras donde guardamos la fidelidad, el amor y el sentimiento. Allí donde has dicho que es posible que estés ahora, en un titile alejado: noventa mil millones de kilogramos de amor pujando por romper el corazón de una supernova: toda vida siempre, ese camino galáctico, esa nebulosa. Pero no estás, no estarás, hermosa mía, nuestra. Y eso, dios mío, es un horror. Lírico, sí, pero un horror: Tú nunca para siempre es otro verso que hace más grande este mi humano purgatorio. Me queda la entereza, ya lo sé, ya nos lo habíamos contado alguna vez mirando el trasluz del vino. La entereza, ya ves, ese ir diciendo adiós con dos cojones, con estilo digno y gayo, a todo lo que se ama, a tanta hermosura finita de la rosa contando uno a uno los pétalos caídos. Pero no hay caballero romano que pueda librarse del abatimiento, ese polvo oscuro, esa cicuta, y en medio de este abril, de esta primavera tumefacta y húmeda para nada, me regala tu muerte con otro vacío más, otra aspereza. No hay derecho, no; no hay derecho más torcido. Ya digo: déjame que te llore, amiga mía, amor. Déjame sentir esta agria melancolía y, diga lo que diga Ángel Compairé, déjame que no compre helados hasta envenenarme para que no existan los recuerdos, por favor. No, qué va: no obstante, aún, sin embargo, siempre los recuerdos. Esa luz para siempre, ese remedio sin remedio. Eso sí, tú ahí, tan guapa desde siempre y alegrándome la vida. Aunque jamás te perdonaré que me hayas dejado plantado antes de tiempo. No me pidas comprensión, una esquela es una esquela. Adiós, hasta luego Lolita. ¿Qué tal estás? Hace tiempo que no veo a Gala. A Alain lo vi el otro día. Sí, ya me contaron sus ojos franceses, qué le vamos a hacer. Un beso, un beso, Dolores Compairé. Y llegue a ti, fiel y entero, con un taconazo de los míos. De todos los míos, esos tan nuestros: Calvo Sotelo arriba, Doctores Castroviejo abajo, vecina. El barrio, la vida, ay
Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios

Comparte esta noticia

¿Qué es esto?

Encuesta

¿Qué futbolista merece ganar este año el Balón de Oro?

Vocento
SarenetRSS