Uno, de esto sabe un poco, y me produce tristeza y desprecio oír en centros de trabajo o en el bar, mientras uno intenta tomarse un apacible café reflexionando sobre las cosas verdaderamente importantes de la vida, comentarios despectivos contra trabajadores inmigrantes, cuyo único delito ha sido tener que huir desesperadamente de la tierra que les vio nacer para tratar de labrarse un futuro y un porvenir para ellos y sus familias, que en sus países de origen por distintos motivos (guerras, políticos corruptos que los han llevado a la bancarrota, etc), no pueden.
Comentarios del tipo «estos vienen a quitarnos el trabajo» o otros aún menos afortunados si es que cabe «trabajan por menos dinero y no defienden sus derechos» como si en este país, nuestra España, todos los españolitos fuéramos ejemplo en la defensa de los derechos obreros, sin pararnos a reflexionar que estamos muy lejos de ser ejemplo de nadie y sin reparar que en muchas ocasiones la culpa de que trabajen por menos dinero es mérito de algunos buenos compatriotas (algunos 'empresarios' pillos y avariciosos) que se aprovechan miserablemente de la desesperación y la necesidad de los trabajadores inmigrantes para aumentar sus beneficios.
Es a esos y a sus conductas a los que tendríamos que criticar y reprobar y no a esos compañeros que los son, cuya situación sirve a los primeros para explotarlos sin ningún pudor.
Para ir concluyendo a forma de moraleja me gustaría que algunas hicieran memoria y recordaran nuestro más reciente pasado de inmigrantes, y agradeciéramos que muchos de esos inmigrantes, sobre todo los latinoamericanos nos hayan devuelto la visita que les hicimos hace unos 500 años. A diferencia de la nuestra, que fue para «esclavizarlos, robarles sus riquezas y sodomizarlos, eso si muy religiosamente», ellos lo hayan hecho para contribuir a las necesitadas arcas de nuestra seguridad social.
Quiero despedirme de estos compañeros agradeciéndoles su aportación a nuestra cultura, deseándoles que puedan hacer realidad sus expectativas de bienestar y felicidad.
Ójala encuentren aquí su particular 'El Dorado', y si como yo, oyen comentarios desafortunados, no hagan caso, como me dice una buena compañera: no te desesperes, en este país hay gente de muy buen café y gente con muy mala leche.





