Merece mi esfuerzo reclamar la atención del espectador y proponerle que deposite su mirada sobre un filme europeo, duro y sensible, que observa con distancia y de modo reflexivo historias fascinantes, de hoy en día, que acontecen, con sus contradicciones, entre occidente y oriente. Un estupendo meollo, expresado en clave de drama y con un estilo cercano, de rabiosa 'verdad', que muestra, con un planteamiento de vidas cruzadas, historias sin adornos que se cuecen entre dos civilizaciones antagónicas llamadas a entenderse.
La clave del filme, de hermoso desarrollo, radica en el choque generacional y en las propuestas que padres e hijos ofrecen en el marco de una Europa cada vez más multicultural. Valores tradicionales como la familia y los lazos sanguíneos aparecen como fuente principal y motor de la acción, a caballo entre Berlín, prototipo de ciudad europea moderna y cosmopolita, y Estambul, de rica cultura y estación de destino de algunos personajes para encontrar el significado de sus vidas.
La muerte y el amor determinan la finalidad de la película, dividida en tres capítulos, con un guión sólido, en el que se hace hincapié, gracias a la rigurosidad de sus imágenes y estupendos diálogos, en la incesante búsqueda de la fraternidad. Generosa visión que todavía alcanza observaciones 'realistas' al no dejar fuera de campo detalles significativos como los evidentes prejuicios de los alemanes hacia lo que no sea suyo como también el aspecto que la sociedad otomana reprime la libertad de las mujeres.












