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RSS | ed. impresa | Regístrate | 22 agosto 2008

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Profesora de literatura española y de lingüística en la francófona Isla Reunión
13.04.08 -

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Profesora de literatura española y de lingüística en la francófona Isla Reunión
PARAÍSO. Un rincón de la Isla Reunión. / L.R.
De inicio cuesta ubicar la Isla Reunión en el mapa. Pero incluso ahí, en esa pequeña isla, departamento de Ultramar de Francia, situada en el océano Índico muy próxima a la gran isla Madagascar y a la isla Mauricio, hay una compatriota. Logroñesa de nacimiento, Ada López vive en este recóndito lugar desde 1993. Anteriormente pasó también varios años en Costa de Marfil y en Camerún.

Con nacionalidad francesa (merced a su matrimonio con un francés), Ada ejerce su profesión de profesora de 'Literatura y lingüística española' en la Universidad de Sant Dennis, la capital de Isla Reunión. Se funciona con el sistema de educación francés y se habla tanto la lengua criolla (una deformación del francés con expresiones de orígenes diferentes) como el francés.

Formar parte del engranaje que mueve este pequeño lugar es una gran experiencia. «Hay unos 850.000 habitantes en toda la isla, pero está compuesta por varias culturas», explica. Y es que junto a los de origen francés (fue colonia gala) conviven los indios, los malgaches (venidos de la vecina Madagascar), los africanos del litoral este y los chinos. «Funciona como un microcosmos -relata Ada-, no hay conflictos; creo que es un ejemplo de convivencia". Esa variedad de pueblos se traslada también al ámbito religioso: comparten territorio musulmanes, católicos, budistas y protestantes. Por todo ello la isla celebra numerosas fiestas: el año indio o fiesta de la luz, el año chino, los festejos malgaches o musulmanes, y también las celebraciones católicas.

Uno de los aspectos que más caracteriza a esta ínsula, tal como relata Ada, son sus bailes. «Se distinguen sobre todo dos ritmos, el 'séga' y el 'maloya' de origen africano y con tambores, pero cada uno se baila dependiendo del grupo étnico».

A pesar de la distancia con su casa, el español sigue resonando en su hogar. Y es que ella intenta hablar con su hijo Luka, de 13 años, en la lengua materna. De la gastronomía reconoce mezclar un poco de cada lugar. Aun así tiene muy presente su tierra. «No olvido a la familia y a los amigos de la infancia, intento mantener el contacto», apunta. En cuanto a los planes de futuro prefiere ser cautelosa, pero indica que «es posible que en 2 ó 3 años volvamos a Francia».
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