
Estación de autobuses
Estación de ferrocarril
Comenzando por la estación de autobuses, el servicio que presta a los usuarios deja mucho que desear. La primera impresión nada más entrar es de absoluto abandono. Papeleras llenas y tiradas por el suelo, basura en cada rincón y baños carentes de higiene. Además, la sala de espera carece de calefacción o aire acondicionado y no cuenta con unas consignas donde poder guardar las maletas. A todo esto hay que añadir que no está adaptada a viajeros con movilidad reducida o algún tipo de minusvalía. No cuenta con aceras rebajadas, rampas o accesos llanos que facilitan el tránsito de personas en silla de ruedas o de carritos de niños.
En lo que a taquillas y paneles informativos se refiere, también presenta carencias. Muchos de los horarios de transporte están añadidos a bolígrafo y no se expone, por ninguna parte, el horario de venta de billetes. El ejecutivo local contempla construir una nueva estación pero hasta que la propuesta se lleve a efecto, ésta es la realidad de la actual.
Sin servicios adaptados
La estación de tren calagurritana data de 1874 y sufrió su última reforma en los años 70. Desde entonces se han llevado a cabo leves mejoras, pero quedan cuestiones que solventar. Parte del mobiliario exterior está deteriorado, ni el acceso ni los aseos están adaptados a minusválidos, carece de servicio de cafetería y no siempre la sala de espera está abierta a la llegada y salida de los trenes.
El Ministerio de Fomento tiene previsto llevar a cabo algunas mejoras, por eso ha licitado la reforma integral de las dependencias de atención al público y oficinas, incluyendo la adaptación de accesos para personas con movilidad reducida y discapacitados.












