Esa es la principal lectura de la reunión que mantuvieron ayer el presidente chino, Hu Jintao, y el vicepresidente electo de Taiwán, Vincent Siew, en el foro que tiene lugar este fin de semana en la isla de Hainan, al sur del gigante asiático.
Aunque Siew acudió al mismo como presidente de la Fundación para el Mercado Común en el Estrecho de Taiwán, y no como vicepresidente de la isla porque no toma posesión del cargo hasta el 20 de mayo, su entrevista con Hu Jintao supone el contacto al más alto nivel que han tenido ambos Gobiernos desde la división que se produjo hace casi seis décadas, cuando Chiang Kai-shek y las tropas nacionalistas del Koumintang se refugiaron en Taipei tras ser derrotados por las fuerzas comunistas de Mao Zedong.
Además, este breve encuentro, en el que estuvieron acompañados por 12 delegados, es la primera consecuencia de la aplastante victoria del Koumintang (KMT) en las elecciones de Taiwán celebradas el pasado 22 de marzo.
Tras ocho conflictivos años de gobierno del presidente Chen Shui-bian, perteneciente al independentista Partido Demócrata Progresista (PDP), el discurso moderado del candidato del KMT, Ma Ying-jeou, conquistó al electorado taiwanés al apostar por el acercamiento a China para mejorar la deteriorada situación económica de la isla. No en vano, el gigante asiático se ha convertido ya en uno de los principales socios comerciales de Taiwán.











