
Tras el verano, la crisis financiera internacional provocó en España una desaceleración de la actividad mucho más rápida de lo previsto. El deseado «aterrizaje suave» adquirió visos de emergencia y el veterano dirigente económico consideró que no era el momento más adecuado para jubilarse. Ya en campaña electoral, la experiencia acumulada le permitió enfrentarse con éxito en un debate televisado a Manuel Pizarro, flamante fichaje del PP que desde ese momento apenas levantó cabeza. Y Solbes vivió una experiencia insólita al verse aclamado por militantes de UGT, cuando el sindicato de inspiración socialista había sido muy crítico con sus propuestas económicas.
Desde la oposición se le ha reprochado ocultar la importancia de las dificultades económicas hasta el día después de las elecciones, y mantener una pasividad que ha retrasado la puesta en marcha de las soluciones necesarias. Sectores empresariales, no obstante, han apreciado la continuidad del nuevo vicepresidente, porque creen útil su dilatada experiencia,
Pedir el relevo
Siempre se mostró dispuesto a permanecer en el cargo sólo hasta el último día de la anterior legislatura, y elude ahora contestar a quien le pregunta por el alcance de su nuevo compromiso. Hacer frente a la crisis es su primordial tarea. Si en el plazo de dos años la actividad repunta, bien podría ocurrir que pidiera el relevo para dedicarse a viajar como un simple turista, una de las aficiones que cultiva.
Nacido en Pinoso (Alicante) en 1942, casado con una funcionaria y padre de tres hijos, Pedro Solbes es licenciado en Políticas y Derecho y técnico comercial del Estado desde 1968. Y lo ha sido prácticamente todo en la administración de la economía española. Adquirió temple negociador durante el proceso de adhesión de España a la Comunidad Europea y preparó la primera presidencia comunitaria. Felipe González le premió con la cartera de Agricultura, de la que saltó a Economía y Hacienda tras resolver las movilizaciones de los agricultores españoles.
Solbes trató de enderezar las cuentas públicas en unos años en los que la crisis había pasado factura, y puso los mimbres para un posterior control. También consiguió que España diera los primeros pasos para pasar el examen de la entrada en el euro.
La presidencia de la Comisión Mixta del Parlamento español para la Unión Europea y, sobre todo, el prestigio alcanzado en Europa, catapultaron a Solbes en 1999 al puesto de Comisario de Asuntos Económicos y Monetarios. Se volcó entonces en la introducción del euro y la coordinación de las políticas económicas de los países de la zona. Pero no llegó a completar su mandato. Convocado por Rodríguez Zapatero para dirigir la economía en el primer Gobierno de la nueva etapa socialista, abandonó Bruselas en abril del 2004.
El vicepresidente se encontró con un contrapoder, ya que el jefe de la oficina económica del Gobierno, Miguel Sebastián, defendió planes y adoptó iniciativas en abierta contradicción con sus posiciones. Aunque las tesis de Solbes se impusieron en casi todas las ocasiones, el desgaste personal fue importante. Apeado Sebastián del cargo, Pedro Solbes recuperó influencia. Después, la crisis le hizo necesario.





