
«Ahora sólo soy una ciudadana de a pie, que es lo que quiero y como mejor me siento». Fiel a la decisión que tomó hace décadas, Pepa Flores evade profundizar sobre su etapa de estrella infantil, aunque ayuda al autor a hacer un recorrido por sus películas en 'Marisol' , una biografía que ha publicado la editorial T&B.
«Yo no hubiera sido actriz ni nada. Lo que quería era ser bailarina», confiesa la artista a José Aguilar, pero su desparpajo frente a la cámara y sus ojos azules le envolvieron en una espiral de rodajes, viajes y actos sociales que cambiaron su destino para siempre.
Plagado de fotos, tanto de su niñez como de su etapa adulta, programas y carteles de cine, el libro desvela la trascendencia mundial que tuvo la pequeña en sus primeros años en que sus películas se vieron desde Angola a Japón o Sudáfrica, y donde la pequeña hacía furor con sus visitas.
Era la mejor embajadora de España y, como es conocido, hasta las nietas de Franco la requerían las tardes de los domingos en El Pardo para tomar un chocolate.
Una relación con el Régimen que nada tuvo que ver con el cine comprometido política e intelectualmente con sus ideas de izquierdas que hizo cuando creció.












