Casi al mismo tiempo que el conductor emprende su huida, su abogado llega a la puerta del Palacio de Justicia proveniente del otro lado de la calle Bretón de los Herreros y no encuentra a su cliente. Le llama por el móvil y quedan en verse en El Espolón, lejos -creen- de las cámaras fotográficas.
Sentados en un banco del paseo conversan brevemente. El abogado vuelve a utilizar su móvil. El fiscal recibe una llamada donde se le explica que ha habido «algún problema» y que la cita debe retrasarse. Abogado y cliente desaparecen.
Sobre las 13.00 horas, en su segunda intentona, ambos burlan a la prensa accediendo, al parecer, a los juzgados por una puerta secundaria.
Tras concluir la declaración ante Calparsoro, poco antes de las tres de la tarde, el letrado abandona sigiloso el Palacio de Justicia, se monta en su coche y lo coloca frente a una puerta lateral del edificio que raramente se usa. Pocos minutos después sale por ella Tomás Delgado, tratando de impedir de nuevo un encuentro con las cámaras fotográficas y de televisión. Sin conseguirlo monta en el automóvil como copiloto y se esfuma.











