El líder del PSOE disfruta, según allegados, con la incertidumbre que genera su hermetismo, derivada en parte de la posición ganada en el partido. Zapatero tiene las manos más libres que antes para hacer y deshacer a su antojo y así se lo hicieron saber los dirigentes de su partido tras el 9 de marzo. Incluso las direcciones del partido en el País Vasco y Cataluña, federaciones que se sienten en buena medida artífices del resultado, admiten que sus votos tienen mucho que ver con el tirón personal de su jefe de filas, lo que no quita para que hayan intentado colocar a pesos pesados en el Gobierno.
Los catalanes tienen garantizado el puesto de Carme Chacón y confían en encontrar hueco para otro de sus hombres, el secretario de Estado de Economía David Vegara, o el presidente de la Diputación de Barcelona, Celestino Corbacho. Los socialistas vascos aspiran a situar a una muje en el Consejo de Ministros, aunque fuentes del partido aseguran que les preocupa más la política que desarrolle Rodríguez Zapatero que sentar a un representante en los bancos azules.
El plan del PSOE, de aquí a la negociación en otoño de los Presupuestos Generales, consistirá en sacar adelante primero medidas económicas urgentes a las que no espera encontrar excesiva resistencia y luego proyectos menores sin carga política. El Gobierno preparará así el terreno para que, a partir de octubre, cuando se hayan despejado incógnitas sobre elecciones anticipadas en el País Vasco y Cataluña, poder tomar decisiones más consistentes.





