Y ello a pesar de que sus responsables reconocen que hay motivos tanto para subir dicha tasa, al persistir «una fuerte presión al alza» de los precios a corto y medio plazo, como para bajarla, porque se mantiene «un grado de incertidumbre inusualmente elevado» por las tensiones surgidas en el mercado financiero el verano pasado, a las que por ahora no ven fin.
«No existe ningún motivo para la complacencia». Con esta frase categórica, el presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet justificó la decisión de mantener invariable el precio del dinero.
Entre diciembre del 2005 y junio del 2007, el BCE incrementó los tipos de interés en ocho ocasiones, en un total de 2 puntos porcentuales, hasta el nivel actual. Desde junio del año pasado, la entidad europea ha mantenido las tasas en el 4%. Banco de Inglaterra redujo ayer los tipos de interés en 25 puntos básicos, hasta el 5%, como habían previsto los analistas.
Pero Trichet, como es habitual en sus reuniones mensuales con la prensa en la sede de la institución en Francfort, reiteró que la máxima prioridad del banco es mantener el firme anclaje de las expectativas de inflación a medio y largo plazo. «Esperamos que la postura actual en política monetaria contribuya a lograr ese objetivo», dijo Trichet
Respecto a la inflación, situada en el 3,5%, Trichet, admitió su «preocupación por la excesiva volatilidad» en los mercados de divisas, con «movimientos excesivos» en los tipos de cambio euro-dólar, precisamente ayer, el día que la moneda comunitaria alcanzaba un nuevo máximo histórico, al llegar a cambiarse por 1,5912 billetes verdes.
Tampoco la escalada alcista del petróleo ayuda a suavizar las cosas, y en este sentido el barril de crudo de tipo Brent, referente en Europa, también se anotó un nuevo récord con 109,98 dólares. «Atravesamos un periodo prolongado de tasa de inflación temporalmente elevada», declaró Trichet en la conferencia de prensa posterior a la reunión del consejo, donde avisó que los riesgos de que las tarifas del mercado se disparen aún más a medio plazo son especialmente acusados en la energía y los alimentos.
De hecho, tras alcanzar en marzo un máximo histórico en su tasa interanual (3,5%), no cree que los precios se moderen hasta finales de año (en este sentido, el propio BCE prevé que en el 2009 se muevan en una horquilla entre el 2,7% y el 1,5%).
Riesgos
La situación actual, explicó el presidente del instituto europeo, es que «los Gobiernos son responsables de unos precios y las compañías de otros», lo que dificulta cualquier medida de control. Por eso, Trichet se mostró reservado en sus pronósticos, y sólo afirmó que «en el horizonte de los próximos 18 meses lograremos estabilizar la inflación» en torno al objetivo comunitario del 2%.
Asimismo, insistió en los riesgos derivados de vincular precios y salarios, de cara a la negociaciones ya entabladas por sindicatos y empresas -a cuya responsabilidad apeló para evitar efectos de segunda ronda-, y cuyo desarrollo sigue el BCE con «especial atención».
Y es que, según señaló Trichet, «no hay tiempo para la complacencia», entre otras cosas porque las turbulencias del sector financiero, lejos de amainar y ser sólo un problema de unos meses, se van a prolongar «a largo»plazo.
Con este panorama, no resulta extraño que los expertos coincidan en que el BCE no va a bajar los tipos, al menos, hasta el próximo otoño, y que buena parte de ellos apunte ya a principios de 2009 como horizonte más probable.





