
CLASIFICACIONES
Los guiones que está teniendo la Vuelta al País Vasco resultan muy lineales. Tocata y fuga de un grupo de ciclistas, no muy amplio, y un final incierto, tanto de planificación como de resultados es lo que estamos teniendo. El líder, Alberto Contador, corre como los grandes: arrollando cuando ataca y apabullando si es su equipo el que tiene que trabajar.
Tampoco eso es nuevo en esta carrera, ni en otras muchas. Normalmente, salvo mentes privilegiadas, eruditas o constantes, la historia, la de la humanidad, los pueblos y la deportiva es un libro al que se le suelen dar patadas, o bien se interpreta como interesa.
José Luis Rubiera y Benjamín Nova, los dos asturianos del equipo, son unos tragamillas consumados. Ellos organizan la etapa. Calculan los kilómetros, el tiempo que llevan los fugados, donde hay que aflojar el ritmo, donde conviene comenzar a tirar.
Es lo que llevan haciendo desde que trabajan para Lance Armstrong. Nada nuevo, todo visto y todo conocido.
Un repecho de respeto
Dicho todo esto hay que pensar en lo que queda. El pasado ya no cuenta. Y lo que queda es lo más selectivo de la Vuelta. En los 162 kilómetros que nos llevarán desde Vitoria hasta Orio hay cuatro puertos puntuables. Los catorce kilómetros finales son un auténtico infierno.
El puerto de Aia es un mal menor. Tendrán que pasar el repecho de Txanka. Son sólo 700 metros, con un desnivel del 27%. Lo único que les quedará por delante es la meta después de una rocambolesca bajada.





