
PROPUESTA DE CATA
Rioja.
La cata.
Luciano de Murrieta exportó en 1852 el primer vino riojano criado en roble -tras adaptar lo aprendido en Burdeos-, rumbo a La Habana y Méjico, y el éxito de aquellos envíos permitió a Rioja comenzar a elaborar vinos con capacidad de guarda, frente a los entonces de consumos estacionales.
María Vargas asumió la dirección técnica de Murrieta en el año 2000, por encomienda directa de su presidente, Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga, Conde de Creixell, y en estos ocho años han renovado toda la gama dando continuidad a los más de 150 años de historia de esta noble casa, que mamó desde su origen de los míticos chateaux bordeleses y que hoy conserva la extraordinaria finca Ygay, de 300 hectáreas, en la que se cultivan las uvas de todos sus vinos.
La cata
La cata de María Vargas será toda una primicia. Comienza en Galicia, con su albariño Pazo de Barrantes, elaborado en un histórico palacio del siglo XVI propiedad también de la familia Creixell. La enóloga presentará en primicia el Pazo de Barrantes 2007, una «añada complicada por el calor, con una cosecha muy limitada, que nos ha dado un vino de volumen en boca muy atractivo desde el punto de vista aromático».
Otro blanco es la siguiente propuesta. Capellanía 2004, igualmente en primicia, es el sustituto del clásico Dorado de Murrieta y está elaborado con viura 100%, de uvas procedentes del pago Capellanía, en la finca Ygay. Su filosofía respeta la elaboración clásica, con una larga crianza en roble nuevo francés actualizando el estilo de estos especialísimos blancos hoy casi extintos en Rioja.
La cata entrará en territorio de tintos con la presentación de sus renovados estilos. Comienza con el Marqués de Murrieta reserva 2003, la gran 'máquina' de la bodega, un vino de una «añada extraordinariamente calurosa, con un tanino muy amable y una fruta muy presente que se ha mantenido a lo largo de la crianza», explica la enóloga.
La gran sorpresa de la noche -el nuevo Castillo Ygay- dejará paso al Dalmau 2004, que no saldrá al mercado hasta septiembre, y también de una añada especial: «El primer Dalmau fue el de 1994, por lo que este año cumple su primera década». «Es un vino de un único pago, Canajas, hecho con tempranillo, cabernet y graciano, criado en roble francés y con una producción limitada de 20.000 botellas que son las que da el propio pago», detalla la enóloga. « Es un vino de corte moderno, que muestra la máxima expresividad de la finca», continúa.
El broche final es lo que más hizo dudar a María. «Probablemente -indica-, la gente esperaría un tinto antiguo de los que hacen grande a esta casa y que aún hoy se mantienen vivos, pero he preferido presentar un 'bebé' del 2007, un adelanto de lo que será el Castillo Ygay dentro de ocho años cuando salga al mercado». «Ha sido una añada muy buena en Ygay -continúa- y nunca habíamos mostrado un Castillo con apenas seis meses de edad». «Espero -concluye- que lo disfruten los aficionados».












