A ver, la cerveza es por definición una bebida alcohólica y si le quitamos el alcohol se habrá convertido en otra cosa no merecedora de tal nombre (lo mismo le pasa al matrimonio, definido en todos los diccionarios de la lengua española como "unión legítima de un hombre y una mujer", por lo que a la homounión habrá que denominarla de otro modo si no se modifica dicho significado). Lo mismo puede decirse de los edulcorantes sintéticos, la comida sin sal, el café sin cafeína, la leche sin nata, la mayonesa ligera, la tortilla sin cebolla o la bebida carbónica con cero calorías. No sé si un café descafeinado cortado con leche desnatada y endulzado con sacarina será sano, pero desde luego sabe asqueroso y si seremos tontos que encima pagamos sin rechistar lo mismo e incluso más por este patético sucedáneo que por un café de verdad.
En una era dorada de los derechos de los consumidores como la actual, resulta increíble la estafa a gran escala de la que somos objeto todos los días en las estanterías del supermercado, donde tratan de darnos gato por liebre con una batería de fraudulentos antiproductos despojados precisamente de los ingredientes que los hacen apetecibles. Así que, volviendo al tema, si por la incomprensible razón que sea cuando le ataque la sed no quiere o no puede tomarse una cerveza será mejor que beba agua de la canilla bien fresquita. Es mucho más asequible, sana y barata por ahora que la no-cerveza, no hay envase que reciclar y, por una vez, es genuinamente "sin". Gas.





