DATOS
Pero los retrasos quedan ahí, en forma de legajos que desbordan mesas, se acumulan en sillas y en rincones. En Decanato, un folio escrito con rotulador rojo y una goma delimita los paquetes. Las fechas se remontan al 26 de febrero. «Porque hemos cumplido con los servicios mínimos», explica una funcionaria.
Decanato centraliza la llegada de todas las denuncias y papeleos: en total, una docena de montones de medio metro de altura. Desde ahí se distribuirán por todos los juzgados. «Ahora nos van a caer montones de casos en cascada», asegura un funcionario del Juzgado de Instrucción número 1. «Hay muchos escritos sin proveer y es bastante 'curro'», añade otro trabajador.
De momento, sin que hayan caído 'en cascada', ya se acumula una caja llena de carpetillas verdes y otros tres montones que tendrán que ser vistos en los próximos meses. O en el próximo año, ya que muy pocos se atreven a poner una fecha final a este caos.
Tampoco los juzgados de Primera Instancia presentan un aspecto mejor que los de Instrucción. El número 4 de los de Logroño, por ejemplo, ve cómo los papeles se acumulan. La única diferencia con el de Instrucción es el color de las carpetas: aquí son crema en vez de verde. «Había un gran desorden y, lo primero que hemos tenido que determinar, es cuáles son los más urgentes y proceder a ordenarlos», indica un empleado de este juzgado. «Como mínimo yo veo que, para recuperar, tardaremos unos 12 meses. Va a llegar el verano, con agosto como mes inhábil, y también hay que señalar muchos juicios suspendidos. Y existen unos plazos», prosigue.
En las oficinas, durante toda la mañana, sigue el tráfico de papeles. «Con los servicios mínimos abusivos impuestos se ha impedido que haya todavía más casos retrasados», asegura Alberto Herrería, representante del sindicato CSI-CSIF.
Pese a todo, los juicios señalados para ayer antes de la huelga sí se celebraron ante el despiste de muchos, que creían incapaces a la Justicia de despertarse y volver a andar en un solo día. Abraham, por ejemplo, entró ayer esposado a la sede de Bretón de los Herreros y, una hora después, salía con una condena de un año de cárcel. «Tranquila, mujer, que con buen comportamiento saldrá en seis meses», consolaba a la madre una familiar.














