Hoy, 31 días después y con un paisaje nacional sustancialmente diferente al de aquel 14-M, los discursos han cambiado. La candidez de un presidente en su
Si hasta el 9-M el argumentario respecto a la situación económica nacional obviaba la palabra 'crisis' o 'desaceleración', dos días después, con las urnas cerradas, reconoció que, efectivamente, la subida de los precios, del euribor, la desaceleración de la construcción y finalmente del consumo colocaban a España en una situación de «crisis».
Ayer, Zapatero priorizó la economía y le dedicó la mayor parte de su discurso en el debate de investidura, pero lejos de la contundencia trivializó sobre la situación por la que atraviesa este país porque es «un horizonte transitorio» dijo. «Hemos sentado las bases para un cambio de modelo de crecimiento de nuestra economía que nos acercará a los países más avanzados del mundo», sentenció Zapatero con los pies bastante alejados del suelo. Porque a usted, que cada día va a la compra, los treinta euros de antes ahora no le dan ni para pipas, porque los 200 euros más -siendo optimista- que paga cada mes por la hipoteca le ahogan pero bien, porque su hijo, aprendiz de albañil en la obra de la esquina, ha sido uno de los primeros damnificados de la caída de venta de pisos. Porque le duele que le vengan con 'milongas' y porque no entiende qué tiene que ver el resto del mundo con su cocido.












