
- ¿Cómo se ha actuado en España contra esta patología?
- Al igual que en el resto de Europa. Desde la crisis de las vacas locas se pusieron en marcha unas medidas. La primera, prohibir la alimentación de animales para el consumo humano con harinas cárnicas. Luego, que los materiales específicos de riesgo (MER), como vísceras o sistemas nerviosos, no se comercializasen y fuesen prohibidos. Por último, la realización de tests priónicos a los bovinos de más de 24 meses. De esta forma se asegura que los animales contaminados no vayan a la cadena alimenticia.
- ¿Esos análisis han dado algún resultado positivo en La Rioja?
- Desde que se comenzaron, hace casi ocho años, se han detectado dos casos, pero de animales que habían llegado a La Rioja con una determinada edad y que habían sido sacrificados fuera de la comunidad. Ni adquirieron la enfermedad aquí ni la pudieron contagiar a ningún otro animal.
- ¿Es ahora cuando van a verse los efectos de la enfermedad, años después de que se desencadenase la denominada 'crisis de las vacas locas?
- Creo que estamos en la parte baja de una campana de Gauss. Han pasado muchos años y los animales que están vivos ya han sido analizados con estos protocolos que parecen draconianos, pero que dan una garantía de que los productos vacunos cumplen con la legislación. Creo que no estamos en la cumbre, en el momento en el que se detecten más casos, aunque alguno nuevo puede haber.
- La ganadería riojana no pasa por un buen momento. ¿Pueden suponer estos casos una puntilla?
- No. Se trata de un momento en el que se mantienen los mismos controles que en el 2001 y los mismos esfuerzos para evitar la contaminación de la carne. Hay que ofrecer un mensaje de tranquilidad a la población porque en La Rioja se ha cumplido con la legislación que garantiza la calidad.











