Al primer edil bilbaíno, declarado confeso «antibanderero», no le quedó otra que cumplir la sentencia judicial. Y lo hizo muy a regañadientes, de madrugada, enfrente del muelle en el que acumula telarañas la gabarra del Athleti.
Pero hete aquí, que el simpático alcalde se guardaba una sorpresa. «Que tengo que cumplir lo de las banderas -pensaría-
Dicho y hecho. La enseña blanquirroja bilbaína es doce veces -doce- más grande que las que ondean justo donde el reloj consistorial marca los cuartos (si afinan la vista, quizás sean capaces de verlas). Nada mal, sí señor, para quien públicamente se ha manifestado partidario de «expresar los sentimientos por estos símbolos en la esfera privada, sin exteriorizar emociones».
Bilbao es desde el viernes una ciudad con pendones (por Dios bendito no observen maliciosas interpretaciones). Me refiero a que hasta ahora sólo lucía los paños institucionales una vez al año, y apenas durante unas horas, el día grande de la Aste Nagusia, en agosto. Ahora, las banderas están colocadas de forma permanente.
De la nada al todo, de cero a cien. Una bilbainada formidable. De antología.
Y que no les quepa duda alguna a los primeros ediles de las ciudades vecinas. Azkuna la tiene más grande. Que para eso es de Bilbao. mjgonzalez@diariolarioja.com











