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RSS | ed. impresa | Regístrate | 12 octubre 2008

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Eduardo Mendoza parodia los 'bestsellers' históricos en su última obra

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Una trama policiaca ambientada en la Galilea del siglo I, con el niño Jesús como contratista del detective. En estos parámetros se mueve El asombroso viaje de Pomponio Flato(Seix Barral), particular forma de Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) de decir «ya está bien» a la marabunta de 'bestsellers' históricos que ha seguido a El código Da Vinci..

«Yo creo que queda claro que me burlo de esa mezcla de misticismo, religión y Carla Bruni» apuntó el autor durante la presentación del libro, que tuvo lugar en los restos del templo de Augusto (siglo I), punto más alto de la antigua Barcino. Mendoza subrayó que no es la novela de consumo lo que le molesta, ya que uno lee al fin y al cabo para «pasar el rato», sino «la repetición continua de modelos que han funcionado una vez».

El asombroso viaje de Pomponio Flato (Seix Barral) narra como un patricio, Pomponio, llega por azar a Nazaret, donde ha sido asesinado el rico Epulón y el culpable está a la espera de ejecución tras un juicio sumarísimo. El dedo acusador señala al carpintero del pueblo, José, para más señas esposo de María y padre de Jesús. Será este último, totalmente convencido de la inocencia de su progenitor, quien le encomendará que investigue el caso. A través de cartas, Pomponio va dando parte de sus pesquisas a su amigo Fabio. Esta mezcla de géneros -novela histórica, policíaca, hagiografía y, en el fondo, parodia de todas ellas- ya va por la tercera edición y ha superado los 100.000 ejemplares vendidos tan sólo diez días después de que saliese al mercado, el pasado 27 de marzo.

Con cerebro

«Esto no es una novela muy seria, sino entretenida», reconoció Mendoza , aunque puntualizando que «entretenido» no tiene porque ir ligado «falta total de uso del cerebro», como dan a entender ciertos programas de televisión. Se trata de «una broma intelectual», definió el escritor, quien también recordó que «el humor se parece más a un juego de manos que a una payasada».

En El asombroso viaje de Pomponio Flato, a Mendoza le ha sido de gran utilidad su afición a los historiadores griegos y romanos.

«Me parecen muy buenos, nunca quise descubrir su receta, pero a la hora de escribir sabía lo que era», explicó.

Aunque buena parte de los hechos provienen de escritos y tradiciones antiguas, tal y como recuerda en una nota final del libro, Mendoza ha asegurado que necesitó documentarse muy poco para escribir esta novela.
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